uff que rico se ensarta esta colegiala putita en la pinga del amigo

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La tarde se palpaba caliente y húmeda en la pequeña habitación destartalada donde se encontraban la colegiala putita y su amigo deseoso de ensartarla. La ropa barata y ajustada de ella se pegaba a su piel sudorosa, revelando cada curva de su cuerpo joven y enérgico. Sus ojos brillaban con lujuria, mientras que su amigo no podía apartar la mirada de sus piernas largas y bien torneadas. El ambiente estaba impregnado de un olor a deseo y a sexo, que se volvía casi palpable a medida que se acercaban uno al otro.

‘Vamos, ensártame con tu pinga dura, amigo’, susurró la colegiala con voz entre cortada, con un brillo travieso en sus ojos. ‘Quiero que me hagas tuya, que me hagas gemir y gritar de placer como la putita que soy’.

El amigo asintió con una sonrisa pícara, sabiendo que el momento que tanto habían esperado estaba por llegar. Se acercó a ella lentamente, sintiendo la tensión sexual en el aire, casi palpable. Sin decir una palabra, la tomó entre sus brazos con firmeza y la recostó sobre la desgastada cama, mientras sus manos ávidas recorrían su cuerpo con ansias contenidas.

‘Eres tan puta, colegiala’, murmuró él con voz ronca, deslizando sus manos expertas por debajo de la falda corta de ella. ‘Te voy a coger tan duro que no podrás dejar de gemir mi nombre’.

La colegiala gimió suavemente al sentir las manos ásperas de su amigo explorando cada centímetro de su piel suave y tersa. Sus pezones se endurecieron al contacto, revelando su excitación desbordante. Con un movimiento rápido, él le arrancó la diminuta tanga y se abalanzó sobre su entrepierna húmeda y palpitante.

‘¡Oh, sí! ¡Hazme tuya! ¡Hazme sentir toda tu pinga dentro de mí!’, jadeó la colegiala, arqueando la espalda con deseo. ‘Quiero que me culees sin piedad, que me hagas tuya una y otra vez’.

El amigo no se hizo esperar y se desabrochó los pantalones, liberando su verga dura y palpitante que ansiaba penetrarla. Con movimientos precisos, se posicionó entre las piernas abiertas de la colegiala y la penetró con fuerza, arrancándole un gemido gutural de placer.

Cada embestida era un torbellino de sensaciones inenarrables, una danza lasciva entre dos cuerpos que se buscaban con desesperación. Los gemidos se mezclaban con el sonido de la cama chirriante, marcando el ritmo frenético de su encuentro carnal.

‘¡Sí, sí, sí! ¡Así, así, no pares!’, exclamaba la colegiala entre gemidos entrecortados, sintiendo cómo la verga de su amigo la llenaba por completo, tocando lugares que ella ni siquiera sabía que existían.

El amigo la cogía con una intensidad animal, sin dar tregua a su deseo ardiente. Cada embestida era como un relámpago de placer que recorría el cuerpo de la colegiala, dejándola al borde del abismo del éxtasis.

‘¡Te voy a llenar de mi semen, putita!’, gruñó el amigo, aumentando la velocidad de sus embestidas hasta el límite. ‘¡Voy a hacer que te corras como nunca antes lo has hecho!’.

La colegiala estaba al borde del orgasmo, sintiendo cómo las oleadas de placer la invadían sin piedad. Sus uñas arañaban la espalda de su amigo, marcando su territorio en un acto primario de posesión y deseo desenfrenado.

Finalmente, en un crescendo de gemidos y gruñidos guturales, el amigo se dejó llevar por el placer abrumador y se dejó caer sobre la colegiala, liberando su semilla ardiente en su interior. El orgasmo los envolvió a ambos en una vorágine de sensaciones intensas, llevándolos al límite de lo desconocido.

Y así, entre susurros y jadeos agitados, la colegiala putita y su amigo saciaron su deseo ardiente en un encuentro salvaje y lleno de pasión desenfrenada.