En una sala de juntas mal iluminada, donde el olor a humedad se mezclaba con el sudor corporal, la joven estudiante desesperada por pasar la materia miraba con lujuria a su profesor de física, un hombre mayor con una barba descuidada y una mirada pervertida.
Con su falda corta y ajustada, mostraba sus muslos temblorosos, mientras sus pechos adolescentes se apretaban contra la blusa. El profe, con sus lentes empañados, disfrutaba del espectáculo, sabiendo lo que la jovencita estaba dispuesta a hacer para aprobar.
‘¿Lista para coger y chupar lo que sea necesario?’, murmuró el docente con voz ronca, acercándose a ella con la bragueta entreabierta.
La chica no respondió con palabras, simplemente se arrodilló en el sucio suelo de la sala y desabrochó el pantalón del educador, liberando una verga flácida pero ansiosa. Sin dudarlo, empezó a mamar con avidez, con sonidos de succión que llenaban la habitación.
El hombre agarró la cabeza de la estudiante y comenzó a follarle la boca sin piedad, embistiéndola con fuerza mientras gemía de placer. Los ojos de la chica se llenaron de lágrimas, pero su determinación por pasar el examen la impulsaba a seguir mamando ese miembro invasor.
‘¡Traga cada gota de mi leche, putita!’, ordenó el profe, sintiendo cómo su pija se hinchaba en la garganta de la joven, que recibía cada venida con sumisión y deseo.
Después de la mamada salvaje, el hombre tomó a la estudiante por los cabellos y la inclinó sobre la mesa de conferencias, levantándole la falda y arrancándole las bragas de un tirón. Sin previo aviso, empezó a penetrar su concha húmeda y caliente, haciéndola gritar de dolor y placer.
‘¡Oh sí, sí, cógeme duro, profesor!’, suplicó la chica entre gemidos, sintiendo cada embestida como un castigo y una bendición al mismo tiempo.
La sala retumbaba con el sonido de las caderas chocando, mezclado con los gritos y gemidos de ambos amantes clandestinos. La nube de deseo y pecado envolvía el lugar, mientras la joven era poseída sin compasión.
El hombre cambió de agujero sin contemplaciones, hundiendo su verga en el culo virginal de la alumna, quien soltó un alarido de dolor mezclado con placer. El sexo anal brutal llenaba la estancia de obscenidad y lujuria desenfrenada.
‘¡Sí, sí, métela toda en mi culo, hazme tuya por completo!’, imploraba la estudiante, sintiendo cada centímetro de la pija invadir su retaguardia sin piedad.
Los fluidos corporales se mezclaban en un collage de decadencia y pasión, mientras el profe seguía culeando con frenesí a la joven estudiante, quien se retorcía de placer y dolor sobre la mesa de juntas.
Finalmente, con un gruñido gutural, el docente se dejó llevar por el éxtasis y se corrió dentro del culo apretado de la chica, llenándola de semen caliente y viscoso que se desbordaba lentamente, marcando su victoria en ese sucio acto de lujuria desenfrenada.



