morrita colegiala con tal de pasar la materia se deja coger por el profe de matematicas

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La morrita colegiala, llamada Luciana, era conocida por su belleza exuberante y su inteligencia sobresaliente. Sin embargo, la materia de matemáticas siempre había sido su talón de Aquiles. En su desesperación por aprobar el curso y evitar la repetición del año, decidió tomar medidas extremas. Fue así como acudió al profesor de matemáticas, un hombre mayor de aspecto severo pero con una mirada lujuriosa que no pasó desapercibida para Luciana.

En la tarde sombría de un viernes, tras la última clase, Luciana se quedó en el aula con el profesor para pedirle ayuda extra. La tensión sexual entre ambos era palpable, y Luciana estaba dispuesta a utilizar su cuerpo para obtener la nota que necesitaba. El profesor, un hombre robusto y con una barba descuidada, no pudo resistirse a la tentación que se le presentaba.

La habitación estaba impregnada de un olor a tiza y sudor, la luz tenue de las lámparas creaba sombras sugestivas en las paredes desconchadas. Luciana, con su uniforme escolar ajustado y su mirada desafiante, se acercó lentamente al profesor, quien no pudo contenerse más y la tomó entre sus brazos con ferocidad.

‘Así que quieres una ayuda extra, ¿eh, Luciana?’ murmuró el profesor con voz ronca, mientras sus manos ásperas recorrían el contorno de las curvas de la joven. Luciana respondió con un gemido apenas audible, su cuerpo temblando de anticipación ante lo que se avecinaba.

La ropa barata se desgarró con facilidad bajo las manos ávidas del profesor, revelando la suave piel morena de Luciana. Sus pechos jóvenes y firmes quedaron al descubierto, enardecidos por el deseo que los embargaba. El profesor se abalanzó sobre ellos con ansia, su lengua dibujando círculos alrededor de los pezones erectos de la adolescente.

‘¡Oh, profesor, sí!’ gemía Luciana, arqueando la espalda para ofrecerse por completo a su tutor. La mesa del profesor se convirtió en el escenario de su lasciva danza, con la calculadora y los libros de matemáticas como testigos mudos de su entrega desenfrenada.

El profesor, con una urgencia animal, desabrochó los pantalones y liberó su verga hinchada y ansiosa. Luciana, sin titubear, se arrodilló frente a él y tomó la pija en su mano con delicadeza, antes de introducirla en su boca hambrienta.

Los sonidos de succión resonaban en el aula vacía, mezclados con los gemidos de placer de ambos. El profesor sostenía la cabeza de Luciana con firmeza, indicándole el ritmo que deseaba. La saliva resbalaba por el tronco de la pija, lubricando el camino para una mamada desenfrenada.

‘¡Sí, así, sigue mamando, putita! ¡Eres tan buena con la verga!’ gruñó el profesor, embriagado por la sensación de la boca cálida de Luciana envolviendo su miembro con destreza. Luciana, con los ojos brillando de deseo, redobló sus esfuerzos para complacer al hombre que tenía el poder sobre su aprobación.

Con un gesto brusco, el profesor levantó a Luciana y la colocó sobre la mesa, con las piernas abiertas y la concha empapada de excitación. Sin mediar palabra, la penetró con fuerza, haciéndola jadear de placer y dolor al mismo tiempo.

‘¡Oh, profe, sí, sí!’ gritaba Luciana, mientras las embestidas del profesor la llevaban al borde de la locura. El sudor perlaba sus frentes unidos, el ruido de la carne golpeando resonaba en la habitación desierta.

El profesor, con una destreza sorprendente para su edad, cambió de posición y sin aviso previo, buscó el agujero estrecho del culo de Luciana. La joven sintió un escalofrío de mezcla de miedo y excitación cuando la penetración anal se consumó, su cuerpo arqueándose en una mezcla de dolor y éxtasis.

‘¡Ah, profe, por favor, más, más!’ suplicaba Luciana, con las lágrimas de placer surcando su rostro enrojecido. El profesor, cegado por la lujuria, embestía con renovado vigor, arrancando gemidos salvajes a la joven sometida a su voluntad.

El éxtasis finalmente los alcanzó, en un frenesí de movimientos frenéticos y gritos incontenibles. El profesor se dejó llevar por la marea de placer y se dejó llevar por el abismo del orgasmo, mientras su semen caliente se derramaba en el interior de Luciana, sellando un pacto silencioso entre el deber y la lascivia.

La morrita colegiala, con la mirada perdida en el techo desconchado, sabía que había pasado la materia. Pero a un precio demasiado alto.