La colegiala del CETIS estaba más caliente que nunca. Lucía su uniforme ajustado y corto, con la falda subida hasta casi mostrar sus bragas de encaje negro. Sus pechos se marcaban contra la blusa blanca y sus labios rojos pedían a gritos una mamada. La habitación estaba caliente y la excitación se respiraba en el aire, como un perfume envolvente que les incitaba a desnudarse y entregarse al placer sin límites.
El chico, un compañero de clase con la verga dura y lista para entrar en acción, la miraba con deseo y ansias de poseerla. Se acercó a ella con determinación, agarrando su cabello castaño con fuerza y llevando sus labios hacia su entrepierna. Ella, sin dudarlo ni un segundo, empezó a mamar su verga con avidez, moviendo su lengua con destreza y chupando con pasión.
«¡Sí, así putita! ¡Traga toda mi verga!», gemía el chico excitado, mientras sus manos recorrían el cuerpo de la colegiala con lujuria. Sus caricias intensas la hacían gemir de placer, aumentando su deseo de sentirlo dentro de ella.
La colegiala, con sus ojos llenos de deseo y lujuria, se sacó la blusa y dejó al descubierto sus pechos firmes y llenos de pasión. El chico los apretó con fuerza, pellizcando sus pezones duros y erectos. Ella gemía de placer, disfrutando de cada caricia, de cada roce de sus manos.
Entre gemidos y suspiros, la colegiala se arrodilló en el suelo, dispuesta a recibir la verga del chico en su boca hambrienta. La mamada era intensa, salvaje, llena de deseo y ansias de placer. Los sonidos de succión se mezclaban con los gemidos del chico, quien cada vez estaba más cerca de explotar de placer.
Se pusieron de pie, con la colegiala apoyada en la pared, su culo perfecto al aire y listo para ser penetrado. El chico la tomó por detrás, agarrando sus caderas con fuerza, y la penetró con fuerza y pasión. Ella gemía de placer, sintiendo como la verga del chico la llenaba por completo, haciéndola estremecer de placer.
«¡Sí, métemela toda, dame más duro!», gritaba la colegiala entre gemidos y suspiros, disfrutando al máximo de cada embestida del chico. Su cuerpo sudoroso temblaba de placer, su piel ardía de deseo y su alma se llenaba de lujuria y pasión desenfrenada.
El chico la embestía con fuerza, culeando sin piedad su culito apretado y provocando gemidos de placer y dolor en la colegiala. Cada embestida era más intensa que la anterior, cada roce de verga la llevaba más cerca del orgasmo.
Finalmente, el chico no pudo contenerse más y, con un gemido gutural, se dejó ir en un increíble orgasmo. Su semen caliente llenó el interior de la colegiala, quien también alcanzó el clímax en medio de gemidos y suspiros de placer.
Se abrazaron con fuerza, agotados pero llenos de satisfacción. La colegiala del CETIS había cogido como una loca y antes había dado una rica mamada que ninguno de los dos olvidaría jamás.




