colegiala de prepa se graba cogiendo en los baños del colegio

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La colegiala de preparatoria, Mónica, una rubia de dieciocho años con faldita corta a cuadros y camisa blanca ajustada, estaba cachonda como nunca. Había estado flirteando con el chico más popular del colegio, David, un moreno musculoso de veinte años que destacaba en el equipo de fútbol. Después de intercambiar miradas lujuriosas en clase de matemáticas, decidieron escaparse a los baños del colegio para saciar sus deseos eróticos. La tensión sexual se podía cortar con un cuchillo cuando entraron al sucio y maloliente baño de los chicos, con las luces parpadeantes y los urinarios oxidados.

David empujó a Mónica contra la pared, sus manos ávidas explorando cada centímetro de su cuerpo tembloroso. La falda subió hasta la cintura, dejando al descubierto unas braguitas mojadas de la excitación. Mónica gemía suavemente, sus manos aferradas a los hombros de David, mientras su lengua jugueteaba con la suya en un beso lleno de deseo y lujuria.

‘Eres tan puta, colegiala’, gruñó David entre dientes, desabrochando su pantalón y liberando su verga erecta y palpitante. ‘Y tú tan pendejo, no puedo esperar a que me revientes el culo’, respondió Mónica con una sonrisa traviesa, arrodillándose frente a él. Tomó su miembro en sus manos y lo comenzó a lamer con avidez, saboreando el sabor salado de su presemen.

Los gemidos de placer resonaban en los oscuros baños del colegio mientras David empujaba a Mónica hacia el suelo, levantándole las piernas para exponer su concha húmeda y ansiosa. La penetró con fuerza, haciéndola jadear y gemir de puro placer. Cada embestida era más profunda y frenética, llevando a Mónica al borde del éxtasis.

‘¡Sí, sí, coge mi puta concha! ¡Hazme tuya, David!’ gritaba Mónica, sus palabras ahogadas por el placer abrumador que la invadía. David la embestía con una pasión desenfrenada, sus manos agarrándola con fuerza de las caderas mientras se perdían en el éxtasis del sexo salvaje y prohibido.

El sudor perlaba sus cuerpos entrelazados, mezclándose con los gemidos y susurros lascivos que llenaban el angosto espacio de los baños. Mónica arqueaba la espalda, su rostro contorsionado por el placer supremo que la embargaba mientras David la culeaba sin piedad. Cada embestida era un torrente de placer puro, llevándolos a ambos al límite de la lujuria desenfrenada.

‘¡Me corro, me corrooo!’ gritó David, sacando su pija de la concha de Mónica y derramando su semen caliente sobre su estómago tembloroso. Mónica jadeaba, agotada y sumida en el éxtasis de la cogida desenfrenada en los baños del colegio.

Aún con la respiración entrecortada, Mónica sonrió a David, el brillo del deseo aún encendido en sus ojos azules. ‘Eso fue increíble’, murmuró ella, levantándose y ajustándose la falda desordenada.

‘Lo sé, eres una putita insaciable’, respondió David con una sonrisa de satisfacción, apretándole el culo con una mano. Ambos se vistieron rápidamente, arreglaron sus uniformes y salieron de los baños del colegio con una complicidad secreta y una promesa silenciosa de futuras aventuras sexuales.