La chavita colegiala estaba ansiosa por encontrarse con su novio en la casa abandonada al final de la calle. Con apenas 18 años, su cuerpo estaba repleto de hormonas y su mente solo pensaba en coger sin parar. Se puso su falda corta y ajustada, una blusa escotada y se adentró en el oscuro lugar donde su novio ya la esperaba con ansias.
El novio, un chico de 19 años con la verga erecta y lista para la acción, observaba con deseo a su joven novia. La chavita se acercó a él con una mirada traviesa, deseando sentir su dura verga penetrando cada centímetro de su apretada conchita. Sin mediar palabra, se lanzó sobre él, besándolo con pasión y deseo, sus lenguas jugueteando en un baile erótico.
‘¿Estás lista para que te coja toda, putita?’ dijo el novio con voz ronca, agarrando las nalgas de la chavita con fuerza. ‘Sí, mi amor, cógeme fuerte, quiero sentirte hasta el fondo’, respondió ella, excitada como nunca antes.
La chavita colegiala se arrodilló frente a su chico y comenzó a acariciar su verga con delicadeza, sintiendo cómo crecía en su mano. Luego, sin más preámbulos, se la llevó a la boca y comenzó a mamar con una pasión desenfrenada, sintiendo el sabor salado de su sexo en su lengua y labios.
La verga del novio entraba y salía de la boca de la chavita con rapidez, haciéndola gagging y babear de placer. Los gemidos del chico se mezclaban con el sonido de la saliva y la chavita sabía que estaba haciendo un excelente trabajo. Después de unos minutos de intensa mamada, el novio la levantó y la giró bruscamente, dejándola apoyada contra la pared.
‘Ahora te voy a coger bien cogida, colegiala caliente’, gruñó el novio mientras le levantaba la falda y le bajaba las bragas de un tirón. La conchita de la chavita estaba empapada de deseo y rogando por ser penetrada.
Con un movimiento rápido, el novio alineó su verga con la entrada de la concha de la chavita y la penetró de un solo golpe, haciendo que ella soltara un gemido de placer. Comenzó a cogerla con fuerza y ritmo, embistiendo su sexo joven y apetitoso sin piedad.
Cada embestida era un nuevo gemido de placer, un ruego silencioso de más, más, más. La piel de la chavita ardía, sus tetas rebotaban con cada embestida, sus ojos brillaban de lujuria pura. El novio la cogía con una Pasión desenfrenada, sin contenerse en absoluto.
‘Sí, cógeme más duro, dame toda tu verga, métemela bien adentro’, gemía la chavita entre jadeos y gemidos. El novio la obedecía, embistiéndola con una fiereza animal, sintiendo el placer recorrer cada fibra de su ser.
Luego de un rato de coger sin parar, el novio sintió que no podía contenerse más. Sacó su verga de la concha húmeda de la chavita y sin decir una palabra, la dirigió hacia su culito virgen y apretado.
‘¿Qué haces, mi amor? No estoy segura…’, balbuceó la chavita, sintiendo el temor mezclado con un placer prohibido. Sin embargo, antes de que pudiera protestar más, la verga del novio la penetró lentamente en su culito, abriéndola poco a poco con paciencia y deseo.
Cada centímetro que la verga del novio se abría paso en el estrecho culito de la chavita era un nuevo gemido de dolor y placer. Ella se mordía el labio inferior, sintiendo una mezcla de intensas sensaciones recorrer su cuerpo joven y delicado.
El novio seguía embistiendo su culito con fuerza y determinación, sintiendo cómo el placer se acumulaba en sus entrañas. La chavita, por su parte, se dejaba llevar por la vorágine de sensaciones, entregándose por completo a su novio.
Finalmente, el novio no pudo contenerse más y con un grito gutural, se vino dentro del culito de la chavita, llenándola con su semen caliente y espeso. Ambos quedaron jadeando y sudorosos, abrazados en la oscuridad de la casa abandonada, sintiendo el éxtasis de un placer compartido. La chavita colegiala se había ensartado solita en la verga del novio y se había abierto el culito, descubriendo un nuevo mundo de placer prohibido.





