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Después de invitar a mi prima a comer, la situación tomó un giro inesperado en el hotel. Sin poder resistir la tentación, acabamos entregándonos a la pasión desenfrenada. La complicidad y el deseo reprimido se desataron en un torbellino de lujuria y placer desenfrenado. Cada rincón de la habitación fue testigo de nuestras ansias desbocadas y de la entrega total entre familiares. Los gemidos, susurros y suspiros se entrelazaron en un baile carnal prohibido pero irresistible. Una experiencia intensa y ardiente que nos llevó al límite de la locura sexual, explorando los límites de la pasión más prohibida y oscura. Una experiencia que no olvidaremos jamás.












