Terminando el partido de mexico penetre a mi prima

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El calor sofocante del verano se mezclaba con el olor a cerveza derramada en el sofá de la sala. Él, un hombre fornido con una playera sudada de la selección mexicana, se acercaba a su prima, una jovencita de faldita corta y escote pronunciado. La emoción del partido se desvanecía lentamente, dando paso a un deseo prohibido que ardía en sus entrepiernas.

Sin mediar palabras, la tomó de la mano y la atrajo hacia él con fuerza. Ella, sorprendida pero excitada, no opuso resistencia, sabía lo que vendría a continuación. Con un movimiento brusco, la empujó contra la mesa de centro, haciéndola soltar un gemido ahogado. Las manos ávidas de él ya recorrían sus muslos, subiendo peligrosamente hacia su entrepierna.

‘¡Vamos a coger, prima!’, gruñó él con una voz ronca y llena de deseo. ‘¡Quiero tu culo, hoy mismo!’ La chica, entregada al pecado, se mordió el labio inferior excitada, ansiosa por sentir la verga de su primo penetrándola sin compasión.

La ropa volaba por los aires, dejando al descubierto la piel sudada y ansiosa de placer. Él la empujó con fuerza sobre el sofá, obligándola a ponerse a cuatro patas como una perra en celo. Sin dilación, abrió sus nalgas de par en par, dejando al descubierto su agujero húmedo y palpitante.

‘¿Te gusta la verga, eh? ¡Tomá, putita!’, exclamó él mientras embestía con violencia su culo virginal. Los sonidos de carne golpeando contra carne resonaban en la habitación, mezclados con los gemidos ahogados de la chica que pedía más y más.

El sudor corría por sus cuerpos entrelazados, tejiendo una red pegajosa que los unía en el éxtasis del pecado. Sin detenerse un segundo, él la agarró del cabello y la obligó a mirarlo a los ojos mientras continuaba culeándola con furia incontrolable.

‘¡Sí, así, más duro! ¡Cogeme como si fuera tu puta!’, suplicó ella entre jadeos y gemidos de placer incontenible. La habitación se llenaba con los sonidos obscenos de la lujuria desenfrenada, alimentando la bestia insaciable que los consumía.

El sexo anal era un torbellino de sensaciones extremas, donde el dolor y el placer se fundían en un baile lascivo y perverso. Los fluidos se mezclaban sin pudor, lubricando el camino de la verga que se abría paso en lo más profundo de aquel culito estrecho y caliente.

Los cuerpos se movían al compás de la lujuria, buscando el clímax que los consumiría por completo. Las embestidas eran cada vez más brutas, más profundas, más salvajes, llevándolos al límite de la razón y la cordura.

Con un grito gutural, él sintió venir la venida, el semen hirviendo en sus entrañas, listo para ser liberado en el interior de su prima pecaminosa. Sin contenerse, se dejó llevar por la intensidad del momento, vaciando su virilidad con fuerza y desenfreno en lo más profundo de aquel culo prohibido.

La prima, exhausta y satisfecha, se dejó caer sobre el sofá, sintiendo el calor del semen invadiendo su interior y mezclándose con sus propios fluidos. El pecado estaba consumado, la pasión desenfrenada los había llevado a un punto de no retorno, donde solo el éxtasis de la lujuria reinaba.