se pone nerviosa la morrita cuando el novio le pide que se la chupe

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La habitación estaba impregnada de un intenso olor a sexo, mezclado con el perfume barato que ella se había rociado antes de la cita. La luz tenue de una lámpara desnuda daba un aspecto sombrío a la escena, mientras la cama deshecha revelaba el frenesí con el que habían estado follando. Él, un chico rudo y malhablado, se sentó en el borde de la cama con una mirada lujuriosa en los ojos, mientras ella, una morrita nerviosa pero excitada, se mordía el labio inferior con ansiedad. Habían estado culeando como conejos durante unos buenos minutos, pero algo en el aire había cambiado.

‘¿Qué pasa, morrita? ¿Te cansas tan fácilmente?’, gruñó él, con una sonrisa perversa en el rostro. ‘Estás caliente, lo veo en tus ojos de puta’. La presión en el ambiente era palpable, el deseo crudo flotaba en el aire y ella sabía lo que vendría a continuación. Él la miraba como un depredador a punto de devorar a su presa, y ella, con las mejillas arreboladas, se mordía el labio en un intento de contener los nervios que le invadían el cuerpo.

‘¡No, no es eso!’ balbuceó ella, jugueteando nerviosamente con sus manos. ‘Es solo que… nunca he hecho eso antes’. Su voz temblaba ligeramente, la inexperiencia y la excitación mezcladas en un cóctel explosivo que la hacía sentir más viva que nunca.

‘¿Qué, mamita? ¿Nunca te han pedido que te carges la verga? ¿Estás diciendo que eres una santurrona?’ él se burló con rudeza, acercándose a ella con la confianza de un macho alfa listo para marcar su territorio. ‘No me vengas con mamadas, puta, sabes que te gusta que sea yo quien te estrene’. La tensión sexual era casi tangible, el roce de sus cuerpos desnudos envuelto en un halo de lascivia y deseo.

‘Está bien, está bien’, murmuró ella, con una mezcla de sumisión y ansias de placer en la mirada. ‘Te la voy a mamar, pero ve despacio, ¿sí? No sé qué hacer exactamente’. Sus mejillas ardían, pero su entrepierna palpitaba con ansias de experimentar ese nuevo nivel de intimidad con su macho.

‘Así me gusta, sumisa y obediente’, gruñó él, agarrando con fuerza su cabello y guiándola hacia su entrepierna hambrienta. ‘Ahora, perra, abre la boca y chúpamela como si fuera el mejor dulce que hayas probado’. Ella obedeció, sintiendo la textura y el sabor de la piel de su pija entre los labios, mientras cerraba los ojos y se dejaba llevar por las sensaciones nuevas que la invadían.

El sonido de sus gemidos se mezclaba con el ruido húmedo de la mamada, el vaivén de su cabeza en un ritmo frenético dictado por la lujuria y el deseo desenfrenado. Él la miraba con una expresión de gozo absoluto, disfrutando cada succión, cada lamida, cada roce de su verga en la boca ávida de placer.

‘Así, putita, así me gusta’, gruñó él, con la voz entrecortada por el placer inminente. ‘Chúpamela bien, no pares, voy a llenarte la boca de leche caliente’. Sus palabras crudas la excitaban aún más, empujándola hacia un abismo de deseo y ansias de ser poseída como nunca antes.

El olor a sexo se intensificaba, el sudor perlaba las frentes y los cuerpos se movían al unísono en una danza sin fin de placer y lujuria. Ella se entregaba por completo, dejando que él la guiara a un nuevo mundo de sensaciones prohibidas y deliciosas.

Y en medio del éxtasis, con un gemido ronco y un impulso desenfrenado, él se dejó llevar por la vorágine de placer y se corrió en su boca, llenándola de ese elixir prohibido que ella saboreó con ansias de más. Ambos se dejaron caer exhaustos sobre la cama, envueltos en la esencia del sexo y la satisfacción plena.