Se calentaron y cogieron atras de los salones

Descargar
8758 views
17 likes
NUEVO GRUPO TELEGRAM

La tarde calurosa se cernía sobre ellos, el sudor perlaba sus frentes mientras se miraban con deseo. María, con sus tetas sudadas marcando su blusa ajustada, provocaba a Juan, quien ya sentía su verga endurecerse bajo el pantalón.

‘¡Es imposible resistirme a tus encantos, María! ¡Vamos detrás de los salones a culear como animales en celo!’, exclamó Juan con voz ronca, lleno de lujuria.

Entre risas nerviosas y manos ansiosas, se adentraron en la penumbra detrás de los salones, un lugar perfecto para dar rienda suelta a sus instintos más bajos.

‘¡Quiero que me cojas tan fuerte que no pueda caminar mañana!’, jadeaba María, mientras se quitaba la blusa dejando al descubierto su sujetador mojado por la excitación.

Las manos de Juan no tardaron en desabrocharle el pantalón ajustado, revelando su concha empapada y lista para ser penetrada sin piedad.

‘¡Vamos a tener sexo anal salvaje aquí mismo, María! ¡Voy a romperte el culo hasta hacerte gritar de placer!’, anunció Juan con voz gutural, excitado como nunca.

Las nalgas de María recibieron la embestida de la verga hinchada de Juan, quien la penetraba con fuerza y determinación, sin dar respiro a la culeada desenfrenada que estaban disfrutando.

Los gemidos de María resonaban entre los muros sucios, mezclándose con los sonidos de piel contra piel y el chapoteo de los fluidos que brotaban sin control.

‘¡Sí, sí, sí! ¡Así, así, así! ¡Métemela toda, no pares!’, imploraba María entre gritos de éxtasis, sintiendo cada embestida llegar más profundo que la anterior.

El sudor se mezclaba con el semen que manaba de la pija de Juan, creando una mezcla pegajosa y repugnante que inundaba el aire viciado detrás de los salones.

El ritmo de la cogida se volvía frenético, casi animal, como si ambos hubieran perdido toda inhibición y solo quedara la pulsión sexual más primitiva reinando en sus cuerpos enlazados.

‘¡Ahhhh! ¡Me vengo, María! ¡Toma mi leche caliente en tu culo y disfrútala como la zorra insaciable que eres!’, gritó Juan justo antes de derramar su venida abundante en las entrañas de María, quien gozaba del placer extremo de ser llenada de semen.

Entre suspiros agitados y cuerpos exhaustos, María y Juan se recompusieron, sabiendo que aquel lugar detrás de los salones sería su secreto para futuros encuentros sexuales llenos de depravación y lujuria desenfrenada.