La morrita colegiala mamona de la prepa había sido el centro de atención desde que pisó el campus por primera vez. Con su uniforme ajustado y sus coletas traviesas, no tardó en llamar la atención de los chicos, despertando deseos incontenibles en más de uno. Su nombre era María, una joven de dieciocho años que despertaba fantasías prohibidas en sus compañeros de clase, quienes fantaseaban con cogerla en cada rincón del instituto.
Un día, durante el receso, un grupo de chicos decidió llevar a María a un aula abandonada en la parte trasera del edificio. La atmósfera era cargada de deseo y ansias contenidas. María estaba excitada, consciente de las miradas lujuriosas que recibía a su alrededor. La tensión sexual era palpable, y todos sabían lo que iba a ocurrir en ese lugar apartado de la prepa.
Los chicos rodearon a María, quien estaba ansiosa por sentir la verga de alguno de ellos dentro de ella. Sus labios rosados estaban húmedos de deseo, y su mirada suplicaba por ser cogida con fuerza. Sin mediar palabra, uno de los chicos se acercó a ella y comenzó a besarla con pasión, mientras los demás se quitaban la ropa ansiosos por unirse a la travesura.
‘¡Vamos a ponerle una buena cogida a esta mamona de prepita!’, exclamó uno de los chicos, mientras sus amigos asentían con excitación. María gemía suavemente, sintiendo cómo las manos ávidas de los chicos recorrían su cuerpo juvenil con lujuria desenfrenada.
Los besos se volvieron más intensos, las manos exploraban cada centímetro de la piel de María, quien se dejaba llevar por el deseo y la pasión del momento. Sin pensarlo dos veces, uno de los chicos se arrodilló frente a ella y bajó su falda, revelando una tanga diminuta que apenas cubría su sexo mojado. Los chicos rugieron de excitación al ver la escena frente a ellos, deseando ser ellos quienes disfrutaran de ese manjar prohibido.
‘¡Vamos a cogerla entre todos!’, exclamó otro de los chicos, excitado por la idea de tener a María entre todos ellos. Sin más preámbulos, los chicos rodearon a la morrita colegiala, ávidos por disfrutar de su cuerpo joven y apetecible. La excitación en el aire era palpable, y María gemía de placer anticipado, ansiosa por sentir las vergas duras de aquellos chicos dentro de ella.
Uno de los chicos se acercó por detrás de María, mientras otro le ofrecía su pija dura para que la chupara con ansias. La colegiala mamona no dudó ni un segundo y comenzó a mamar con voracidad, disfrutando del sabor salado de aquel miembro viril que se le ofrecía como manjar. Su lengua jugueteaba con la verga, provocando gemidos de placer en su poseedor.
La cogida se volvía cada vez más intensa, los gemidos de María llenaban el aula abandonada, mientras era cogida sin piedad por aquellos chicos hambrientos de sexo. Sus tetas duras eran manoseadas sin descanso, sus pezones erectos denotaban la excitación que sentía en cada embestida, mientras su concha mojada pedía más y más placer.
Los chicos se turnaban para coger a María, quien gemía y se retorcía de placer sobre la sucia mesa del aula. La escena era lasciva y obscena, pero ninguno de los presentes quería detenerse. La prepa sería testigo de la intensa cogida que le estaban dando a la morrita colegiala mamona, quien disfrutaba como nunca antes lo había hecho.
Los cuerpos sudorosos chocaban entre sí en un torbellino de pasión desenfrenada, las vergas duras entraban y salían de la concha de María con fuerza, mientras ella gemía de placer en cada embestida. El sexo anal también se hizo presente, y la colegiala mamona disfrutaba del placer prohibido que le proporcionaba aquella invasión delirante en su culo apretado.
Los chicos no tardaron en llegar al límite de su excitación, y uno a uno descargaron su venida en el cuerpo de la morrita colegiala, quien recibió con gusto cada chorro de semen caliente que bañó su piel joven y delicada. La cogida había sido brutal, pero María sonreía satisfecha, sabiendo que aquella experiencia quedaría marcada en su memoria para siempre.




