no hagas ruido por que tus papas nos pueden escuchar…le dice su novia

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El ambiente era tenso, caliente, cargado de deseo y lujuria. Una pequeña habitación con una cama raída, unas cortinas desgarradas y un espejo sucio en la pared reflejaba la pasión desenfrenada de dos jóvenes amantes. Él, un chico alto y fornido con una barba de varios días, y ella, una chica delgada de cabello largo y negro que transmitía una mirada de deseo incontrolable.

Los dos se miraban con intensidad, con ansias de tocarse, de sentir sus cuerpos unidos en un acto de pura pasión. Él la tomó de la cintura con fuerza, atrayéndola hacia sí, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo. Sus manos se deslizaron por su espalda, acariciando cada centímetro de piel que encontraban a su paso.

‘No hagas ruido, tus papás nos pueden escuchar’, susurró ella con voz entrecortada, llena de deseo y miedo a la vez.

‘No te preocupes, cariño, seremos discretos’, respondió él con una sonrisa traviesa en el rostro.

Se besaron apasionadamente, sus lenguas se enredaron en un baile sensual mientras sus manos exploraban los cuerpos del otro con avidez. Él desabrochó lentamente la blusa de ella, revelando un sostén negro que apenas podía contener sus pechos firmes y redondos.

‘Eres tan hermosa’, murmuró él mientras acariciaba sus pechos con delicadeza, sintiendo la textura suave de su piel bajo sus dedos.

Ella gimió de placer, arqueando su espalda para ofrecerle mejor acceso a su cuerpo. Él aprovechó la oportunidad y desabrochó su sostén, liberando sus senos perfectos ante sus ojos hambrientos.

‘Dios, eres tan sexy’, jadeó él, inclinándose para capturar uno de sus pezones entre sus labios y succionarlo suavemente.

Ella se retorció de placer, sus manos buscando desesperadamente el bulto que crecía en los pantalones de él. Lo encontró y lo acarició con ansias, sintiendo la dureza de su erección a través de la tela.

‘Quiero sentirte dentro de mí’, susurró ella, con una mezcla de deseo y urgencia en su voz.

Él asintió, sin decir una palabra más, se quitó los pantalones y se colocó frente a ella, mostrando su verga dura y palpitante. Ella se arrodilló ante él, ansiosa por tenerlo en su boca, por saborear su sabor, por sentirlo profundamente en su garganta’

‘Mamármela’, le ordenó él con voz ronca, agarrando su cabello con firmeza y guiándola hacia su pija.

Ella obedeció sin vacilar, tomándolo en su boca con avidez, chupando y lamiendo cada centímetro, disfrutando de la sensación de poder hacerlo gemir de placer.

‘Oh, sí, sigue así, eres tan buena mamando’, gimió él, disfrutando del placer que ella le estaba brindando con su boca experta.

Después de un rato, él la levantó con fuerza y la empujó contra la cama, separando sus piernas con brusquedad. La tanga de encaje que ella llevaba puesta apenas cubría su concha húmeda y ansiosa de ser penetrada.

‘Quiero cogerte hasta que ya no puedas más’, gruñó él, posicionándose entre sus piernas y empujando con fuerza para penetrarla de un solo golpe.

Ella gritó de placer, sintiendo cómo su pija la llenaba por completo, cómo la estiraba y la hacía gemir de placer. Los dos se movían en un ritmo frenético, culeando con fuerza, buscando alcanzar el orgasmo juntos.

‘Sí, sí, no pares, cógeme más duro’, gemía ella, arqueando su espalda para recibir sus embestidas con más facilidad.

Él la cogía con furia, embistiéndola una y otra vez, sintiendo cómo el placer lo invadía por completo. Los gemidos, los susurros, los gritos de placer llenaban la habitación, creando una sinfonía de lujuria y deseo.

Finalmente, llegaron juntos al clímax, gimiendo y temblando de placer mientras sus cuerpos se fundían en un éxtasis de sensaciones indescriptibles.

Se quedaron acurrucados el uno al lado del otro, agotados pero felices, con la satisfacción de haber compartido un momento íntimo y apasionado. Sabían que debían ser más cuidadosos la próxima vez, pero por el momento solo querían disfrutar del éxtasis que los envolvía.