morrita colegiala no se la quiere chupar al novio por que dice que le huele feo xD

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La morrita colegiala se retorcía incómoda en la cama, sus mejillas enrojecidas de vergüenza se mezclaban con el brillo de sus ojos llenos de deseo. Frente a ella, su novio, un chico desaliñado de aspecto dudoso, le suplicaba entre jadeos que le chupara la verga. Pero ella se negaba, agarrándose la nariz con los dedos y haciendo gestos de asco.

‘¡No, pinche güey! ¡Tu verga apesta a rayos! No me la voy a coger si no te bañas primero’, exclamó la colegiala con determinación, mientras su novio le lanzaba una mirada de frustración y lujuria desenfrenada.

La habitación estaba envuelta en una atmósfera de calor sofocante, el sudor perlaba las frentes de los amantes desesperados por saciar sus deseos carnales. La ropa barata y desgastada de la morrita contrastaba con la desnudez parcial de su novio, cuya verga erecta apuntaba directamente hacia ella, rogando por atención.

Los segundos se volvían eternos en un juego de seducción y negación. La morrita se mordía el labio inferior, indecisa entre el deseo de sentir la verga de su novio en su boca y el rechazo a la maloliente realidad que se le presentaba.

‘¡Neta, pinche morra! ¡No seas así! ¡Te voy a coger tan rico que se te van a quitar las ganas de escupirme en la verga! ¡Vas a ver!’, gritaba el novio, con una mezcla de rabia y ardor sexual en sus ojos.

‘¡No, no y no! ¡Te lo repito mil veces, no voy a chuparte la verga a menos que te bañes primero! ¡El olor se mete hasta la garganta y no es nada sexy! ¡Es asqueroso!’, replicaba la morrita, con su voz temblorosa de excitación contenida.

La tensión sexual era palpable en el aire cargado de deseo reprimido. El novio, con gesto desafiante, se levantó de la cama y tomó a la morrita con fuerza, acercándola a él con determinación. Sus cuerpos se fundieron en un abrazo desesperado mientras sus bocas se buscaban en un beso salvaje y hambriento.

Los labios de la morrita se abrieron con ansia, dejando paso a la lujuria reprimida que la consumía desde hacía tanto tiempo. Sentía la verga de su novio presionando contra su vientre, buscando desesperadamente la entrada a su intimidad. Pero ella se mantenía firme en su decisión de no ceder ante la suciedad que emanaba de su entrepierna.

‘¡Maldita seas, morra! ¡Te voy a hacer tragar mi verga sin importar lo que digas! ¡Vas a gemir y suplicar por más, te lo aseguro!’, gruñó el novio con voz ronca, mientras acariciaba las curvas tentadoras del cuerpo de la morrita.

Con un movimiento ágil, la morrita logró zafarse de la presa de su novio y se puso de pie frente a él, desafiante. Sus pechos juveniles se erguían con orgullo, desafiando a la verga ansiosa que la esperaba con impaciencia. La morrita respiraba agitada, excitada por la tensión sexual que los envolvía.

‘¡No lo haré, lucho! ¡No me forzarás a hacer algo que no quiero!’, gritó la morrita con determinación, mientras sus ojos brillaban con una mezcla de miedo y deseo irrefrenable.

El novio, viendo que sus intentos por convencer a la morrita fracasaban una y otra vez, decidió cambiar de estrategia. Se arrodilló ante ella, con la verga palpitando de deseo en su mano, y le miró a los ojos con una intensidad que la morrita no pudo resistir.

‘Por favor, mi amor… déjame demostrarte lo mucho que te deseo. Déjame amarte con toda la pasión que arde en mi entrepierna. Te prometo que te haré sentir como nunca antes lo has hecho’, murmuró el novio, con voz suave y llena de promesas pecaminosas.

La morrita se mordió el labio inferior, indecisa y excitada por las palabras ardientes de su amante. Una parte de ella anhelaba rendirse al placer prohibido, mientras que otra luchaba por mantener su dignidad y su asco a raya. Pero al final, el deseo carnal venció a la razón y la morrita cedió a la tentación.

Con un gemido de entrega, la morrita se acercó a su novio y tomó su verga entre sus manos temblorosas. La mirada de deseo en los ojos del novio la embriagaba, incitándola a dejarse llevar por la pasión desenfrenada que los consumía.

‘¡Asqueroso… pero excitante!’, pensó la morrita mientras se inclinaba hacia delante y probaba el sabor prohibido de la verga de su novio. El placer la invadió de inmediato, inundando su ser de una lujuria animal que la hizo gemir de placer.

Así, entre gemidos, susurros y jadeos desenfrenados, la morrita colegiala se entregó al placer prohibido de la verga maloliente de su novio, descubriendo en ese acto obsceno nuevas fronteras de deseo y placer que la llevaron al borde del éxtasis.