morrita colegiala cogida como una perra cachonda

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La morrita colegiala estaba en su habitación, recién llegada de la escuela. Tenía unas enormes ganas de coger como una perra cachonda, y su novio, un chico duro y rudo, estaba más que dispuesto a satisfacer sus deseos. Ambos llevaban tiempo calientes, desde que se vieron por primera vez en la fiesta de un amigo en común, y ahora, finalmente, estaban a solas en la habitación de la joven, con la puerta cerrada y la música a todo volumen para cubrir sus gemidos obscenos.

El ambiente era sofocante, el calor se sentía en el aire y los cuerpos sudorosos de ambos amantes se rozaban con lujuria. La morrita, con su uniforme escolar apenas quitado, dejaba ver sus tetas firmes y su culito perfectamente redondeado, mientras que su novio, con una mirada de lujuria en los ojos, no podía esperar a tenerla entre sus brazos.

‘¿Estás lista para ser cogida como la perra que eres?’ susurró él en su oído, mientras empezaba a besar su cuello con ansias desenfrenadas.

‘¡Sí, sí, cógeme fuerte, hazme tuya!’ respondió ella con un gemido lascivo, sintiendo cómo la excitación recorría todo su cuerpo.

Él la empujó suavemente hacia la cama, donde la morrita se arrodilló con una mirada de deseo en sus ojos, ansiosa por tener la verga de su novio entre sus labios hambrientos.

‘Ahora vas a mamar mi verga como la zorrita que eres’, dijo él con tono dominante, mientras introducía lentamente su pija en la boca de la morrita.

Ella comenzó a chupar con avidez, sintiendo cómo la verga de su novio crecía cada vez más dentro de su boca, provocando gemidos de placer en ambos.

‘¡Sí, sí, así, sigue mamando mi verga, putita!’ exclamó él, disfrutando del sexo oral que le estaba brindando la colegiala cachonda.

Después de unos minutos de intensa mamada, el chico sacó su verga de la boca de la morrita y la tumbó en la cama, dispuesto a cogerla como nunca antes.

‘¿Quieres que te folle como la perra que eres?’ preguntó él, con una mirada llena de deseo y lujuria.

‘¡Sí, por favor, cógeme duro y profundo!’ respondió la colegiala, excitada al límite de sus sentidos.

Él la penetró con fuerza, sintiendo cómo su verga entraba y salía de la concha húmeda de la morrita, haciéndola gemir de placer en cada embestida.

‘¡Así, así, dame más, cógeme como si no hubiera un mañana!’ gritaba la morrita, sintiendo cómo el placer la invadía por completo.

El chico la cogía con intensidad, disfrutando del cuerpo joven y ardiente de la colegiala, que se retorcía de placer bajo sus embestidas salvajes.

‘¡Oh, sí, dame más, no pares!’ gimió la morrita, sintiendo cómo el orgasmo se acercaba rápidamente.

Él aceleró el ritmo, embistiendo con más fuerza y velocidad, llevando a la morrita al límite de la lujuria y el placer.

‘¡Estoy a punto de acabar, dame tu leche, lléname de semen!’ gritó la morrita, sintiendo cómo el clímax se acercaba con cada embestida.

Finalmente, con un gemido salvaje, el chico se dejó llevar por el éxtasis y se corrió dentro de la morrita, llenando su concha caliente con su semen caliente y espeso.

Ambos amantes cayeron exhaustos en la cama, satisfechos y felices por la experiencia sexual tan intensa que acababan de compartir. La morrita colegiala había sido cogida como una perra cachonda, y su novio estaba más que feliz de haber cumplido con sus más bajos deseos.