metiendole una botella de cerveza por puta

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Marta y Juan eran pareja desde hacía varios años, y aunque su relación había pasado por altibajos, nunca dejaron de disfrutar de una intensa vida sexual. Esa noche, después de un par de cervezas y unas copas de más, se encontraron en la habitación de un hotel barato, con las luces tenues y el aire cargado de lujuria.

La camiseta roja ajustada de Marta apenas podía contener sus senos voluptuosos, mientras que los jeans ajustados de Juan resaltaban su abultado bulto. Ambos se miraron con deseo, sabiendo que esa noche prometía ser una de las más salvajes de sus vidas.

‘¿Estás lista para que te muestre quién manda aquí, putita?’, gruñó Juan, empujando a Marta contra la pared con fuerza. Ella respondió con una mirada desafiante, ansiosa por la embestida que se aproximaba.

Entre jadeos y gemidos, Juan arrancó la camiseta de Marta, revelando sus pechos firmes y erectos. Sin perder tiempo, se agachó y tomó uno de sus pezones en su boca, chupando y mordisqueando con ferocidad.

‘¡Mmm sí, métemela toda!’, gimió Marta, arqueando la espalda de placer. Juan se puso de pie y desabrochó su cinturón, dejando al descubierto su miembro erecto y palpitante. Sin mediar palabra, lo introdujo en la boca de Marta, quien comenzó a succionar con avidez, disfrutando de su sabor y textura.

La habitación se llenó con el sonido de los gemidos y los gritos obscenos, mientras Marta se arrodillaba ante Juan, ansiosa por sentirlo dentro de ella. Con un movimiento brusco, Juan la levantó y la lanzó sobre la cama, dejando su culo en pompa y listo para la penetración.

‘¡Te voy a coger como la puta que eres!’, rugió Juan, sin darle tiempo de reaccionar a Marta. Con una embestida brutal, la penetró con fuerza, haciéndola gritar de placer y dolor al mismo tiempo.

El vaivén de sus cuerpos era frenético, con Marta aferrándose a las sábanas mientras Juan la embestía una y otra vez. El sudor resbalaba por sus cuerpos desnudos, mezclándose con el aroma a sexo y deseo que impregnaba la habitación.

‘¡Sí, así, cógeme como a una perra en celo!’, gemía Marta, sintiendo cada centímetro de la verga de Juan dentro de ella. Él respondía con embestidas más profundas y salvajes, sin detenerse ni un segundo.

Entre gemidos incontrolables, Juan cambió de posición, colocando a Marta boca abajo y levantándole las caderas. Sin previo aviso, empezó a lamer su culo, preparándolo para la próxima invasión.

‘¡Oh sí, cógeme por el culo, hazme tuya por completo!’, suplicó Marta, sintiendo cómo la verga de Juan se abría paso en su estrecho agujero. El dolor inicial se transformó en placer extremo, con cada embestida llevándolos más allá de los límites del éxtasis.

El sonido de sus cuerpos chocando se mezclaba con los gemidos obscenos y los gritos de placer, creando una sinfonía de lujuria y deseo desenfrenado. Marta se retorcía de placer, sintiendo cómo el orgasmo se acercaba rápidamente.

‘¡Voy a acabar, sí, sí, dame toda tu leche caliente!’, exclamó Marta, sintiendo los espasmos de su cuerpo anunciando el clímax inminente. Juan respondió con una embestida final, hundiéndose en lo más profundo de ella y dejando escapar un gemido gutural de satisfacción.

El calor del orgasmo los envolvió, llenando la habitación con el olor a sexo y pasión desenfrenada. Marta y Juan se abrazaron, exhaustos pero completamente satisfechos, sabiendo que esa noche quedaría grabada en sus mentes y cuerpos para siempre.