lleve a mi prima al walmart y descubri que no traia calzones

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La temperatura en el Walmart era sofocante, el sudor perlaba mi frente mientras arrastraba a mi prima por los pasillos repletos de gente. Sus caderas se movían con gracia, provocando miradas lujuriosas de los hombres que no podían apartar la vista de su trasero. No pude resistir la tentación de deslizar mi mano por debajo de su falda, buscando confirmar lo que sospechaba: mi prima no traía calzones.

‘¡Mierda, prima! ¿No llevas calzones? ¡Eres una puta caliente!’, le susurré al oído mientras ella se mordía el labio inferior, excitada por la situación prohibida en la que nos encontrábamos.

Entre los pasillos de productos en oferta, la llevé a un rincón apartado donde la empujé con fuerza contra una estantería, levantando su falda y exponiendo su entrepierna sin protección. Vi su sexo húmedo y caliente, listo para ser poseído por mi verga ansiosa de penetrarla sin piedad.

‘¡Cogeremos en este Walmart como los cerdos! ¡Voy a clavarte mi pija hasta el fondo, puta!’, exclamé mientras ella gemía de deseo, esperando sentir el embate de mi virilidad dentro de su concha ardiente.

Desabotoné mi pantalón y saqué mi verga palpitante, lista para la acción. La dirigí hacia su entrada prohibida, sintiendo el calor y la humedad de su interior mientras comenzaba a coger a mi prima sin contemplaciones, embistiéndola con fuerza y determinación.

‘¡Sí, primo, cógete a tu putita sin calzones! ¡Hazme tuya hasta el fondo! ¡Hazme gemir como la zorra que soy!’, suplicaba mi prima entre jadeos y gemidos de placer desenfrenado.

Los sonidos de nuestros cuerpos chocando resonaban en el silencioso pasillo del Walmart, mezclándose con los gemidos y susurros obscenos que se escapaban de nuestros labios. La pasión y la lujuria nos consumían, llevándonos a un estado de éxtasis carnal incontrolable.

‘¡Voy a llenarte de leche, prima! ¡Te voy a dar una venida que nunca olvidarás!’, anuncié justo antes de sentir el punto de no retorno acercarse, preparándome para expulsar mi semen caliente dentro de su coño sediento.

El orgasmo nos golpeó con fuerza, haciéndonos temblar de placer mientras mi pija liberaba su carga salvaje en el interior de mi prima, marcándola como mía en un acto de posesión animal y vulgar.

Nuestros cuerpos sudorosos se separaron lentamente, quedando exhaustos y satisfechos en medio de la desolación de ese rincón del Walmart. Mi prima sonreía con malicia, sabiendo que habíamos cruzado una línea prohibida pero deliciosa juntos.

Así terminó nuestra aventura en el Walmart, con el eco de nuestros gemidos aún resonando en el aire viciado del lugar, marcando ese momento como un recuerdo imborrable de lujuria y depravación familiar.

Los ojos de los empleados del supermercado nunca sospecharon lo que realmente ocurrió entre aquellos estantes rebosantes de productos, donde el pecado y la pasión se entrelazaron en un acto de sexo desenfrenado sin límites.

Mi prima y yo guardamos en silencio nuestro secreto compartido, sabiendo que aquel día en el Walmart había sellado un pacto tabú entre nosotros, uno que solo la obscenidad y la lujuria más cruda podrían explicar.