le dice a su prima que se la chupe y al inicio ella no quiere pero despues casi se la arranca

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La calurosa tarde de verano se encendió aún más cuando Mateo y su prima Valeria se encontraron solos en la casa de campo de la familia. La tensión sexual que se había ido acumulando entre ellos durante años finalmente parecía explotar en el aire caliente y denso de la habitación. Valeria era una chica de curvas peligrosas y mirada insaciable, mientras que Mateo se sentía cada vez más atraído por la belleza prohibida de su prima.

Después de unas cuantas cervezas, los dos estaban sentados en el sofá, con las risas nerviosas y los toques casuales presagiando lo inevitable. Mateo, incapaz de reprimir sus deseos más bajos, tomó la iniciativa.

«Valeria, ¿alguna vez has pensado en lo que podríamos hacer juntos?» dijo con voz ronca y cargada de lujuria.

Valeria se estremeció ligeramente, sintiendo la electricidad entre ellos aumentar de intensidad. «No sé de qué estás hablando, Mateo. Somos primos, no podemos…»

Pero las palabras se ahogaron en su garganta cuando Mateo la tomó por la barbilla y la besó con una ferocidad que los consumió a los dos. Las manos de Valeria se aferraron a los hombros de Mateo, mientras sus lenguas luchaban por dominarse mutuamente.

El calor entre ellos era asfixiante, el deseo palpable en el aire mientras se desvestían con urgencia. La camiseta de Valeria se deslizó por sus hombros, revelando unos pechos firmes y tentadores que invitaron a Mateo a devorarlos sin misericordia.

«Vamos, Valeria. Sé que también lo deseas. Déjame enseñarte lo que podemos disfrutar juntos», murmuró Mateo con voz entrecortada por la excitación.

Sintiendo la mano de Mateo deslizarse por su muslo, Valeria gimió involuntariamente. La pasión la estaba consumiendo, anulando cualquier inhibición que pudiera haber tenido antes. La excitación corría por sus venas como un fuego inextinguible.

Entre jadeos y susurros, Mateo empujó a Valeria hacia abajo, obligándola a arrodillarse frente a él. Su verga palpitaba de deseo, hambrienta de la boca de su prima, que ahora miraba con deseo y sumisión.

«Chúpamela, Valeria. Demuéstrame cuánto quieres esto», exigió Mateo con tono dominante.

Valeria vaciló por un momento, pero la presión del momento la empujó a obedecer. Abriendo la boca, se dejó llevar por el instinto mientras su lengua recorría la dura verga de su primo con ansia voraz.

Los gemidos de placer llenaron la habitación cuando Valeria se entregó por completo a la pasión desenfrenada que los envolvía. Cada succión, cada lengüetazo, cada movimiento de su boca alrededor de la pija de Mateo lo llevaba más cerca del éxtasis.

«Eso es, princesa. Sigue chupando como la puta que eres», gruñó Mateo, con los ojos nublados por el placer.

Valeria, ahora entregada por completo al deseo que la consumía, intensificó sus movimientos, hundiendo la verga de Mateo en su garganta con un anhelo desenfrenado. Los sonidos de succión y gemidos llenaron la habitación, creando una sinfonía obscena de placer compartido.

La tensión alcanzó su punto máximo cuando Mateo tomó a Valeria por el cabello, guiando sus movimientos con autoridad. Cada embestida de su verga en la boca de su prima era un paso más hacia el abismo del orgasmo inminente.

Los ojos de Valeria brillaban con deseo mientras su boca lo llevaba al borde del éxtasis. Con un último gemido gutural, Mateo se dejó llevar por la explosión de placer, llenando la boca de Valeria con su semilla caliente y espesa.

El sabor del semen de su primo fue la gota que colmó el vaso de la lujuria desenfrenada que los había consumido. Valeria se incorporó lentamente, con la mirada turbia de deseo y satisfacción mientras se acercaba a Mateo, dejando en claro que la noche aún no había terminado.