la morrita colegiala de prepa se deja coger en cuatro por novio mayor que ella

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La morrita colegiala de prepa se llamaba María, una joven de dieciocho años con un cuerpo curvilíneo y una mirada traviesa que enloquecía a todos los hombres de su escuela. Su novio, Miguel, un chico mayor de veinticinco años, siempre había sentido una atracción incontrolable por la inocencia y juventud de María. Ambos se habían conocido en una fiesta del barrio y desde entonces habían mantenido una relación secreta y apasionada.

Una tarde calurosa de viernes, María decidió invitar a Miguel a su casa cuando sus padres no estaban. La casa quedó vacía, salvo por el calor pegajoso que se sentía en el ambiente. María, vestida con su uniforme de colegiala, una minifalda corta y una blusa ajustada, esperaba ansiosa a su novio en su habitación.

Miguel llegó con la respiración acelerada y los pantalones ajustados por la excitación. Se acercó a María con una mirada lasciva y le dijo:

‘Eres tan puta, María. Te deseo desde que te vi en esa fiesta. Estoy cansado de esperar, quiero cogerte ahora mismo.’

María, con una sonrisa pícara, se acercó a Miguel y le susurró al oído:

‘Hazme tuya, Miguel. Quiero sentir tu verga dentro de mí.’

Los cuerpos de ambos se fundieron en un beso apasionado, lleno de deseo y lujuria. Miguel desabrochó la blusa de María con ansias, revelando sus juveniles tetas firmes y rosadas. Las manos de Miguel recorrían el cuerpo de María con avidez, acariciando cada centímetro de su piel suave y tersa.

‘Quítate la falda, quiero verte en cuatro, puta’, ordenó Miguel con voz ronca, dejando clara su dominancia sobre María.

María obedeció sin dudar, levantando su falda lentamente y presentando su culito respingón a Miguel. Él se acercó por detrás, desabrochando su pantalón y liberando su verga dura y ansiosa por penetrar a María. La faldita de colegiala subida hasta su cintura aumentaba el morbo de la escena.

‘Eres una zorrita caliente, María. Te voy a coger como te mereces’, murmuró Miguel mientras posicionaba su verga en la entrada de la conchita mojada de María.

Con un empujón brusco, Miguel penetró a María con fuerza, haciéndola gemir de placer y dolor a la vez. La adolescente arqueaba su espalda, ofreciendo su cuerpo para ser poseído por su novio mayor. Los sonidos de piel chocando contra piel llenaban la habitación, mezclados con los gemidos y susurros obscenos de la pareja.

‘¡Más duro, Miguel! ¡Cógeme más fuerte!’, gritaba María, perdida en un mar de placer y desenfreno.

Los cuerpos sudorosos se movían al ritmo de la lujuria, cada embestida de Miguel enviaba oleadas de placer a través del cuerpo de María. La escena era tan intensa que ni siquiera notaron el sonido de la puerta al abrirse de golpe.

‘¡Maria! ¡¿Qué demonios estás haciendo?!’, exclamó la madre de la joven, sorprendida al ver a su hija siendo cogida en cuatro por su novio en plena habitación.

La vergüenza y el morbo se mezclaron en el ambiente, creando una tensión sexual palpable. Miguel, sin detenerse, continuó culeando a María con más furia, excitado por la situación prohibida en la que se encontraban. María, avergonzada pero también excitada, gozaba de cada embestida de su novio.

La madre cerró la puerta de golpe, dejando a la pareja a solas nuevamente. La habitación se llenó con los gemidos y gritos de placer de María, quien estaba al borde de un orgasmo explosivo. Miguel no pudo contenerse por más tiempo y con un gruñido ronco se dejó llevar por el éxtasis, vaciando todo su semen dentro de María.

Ambos cuerpos se colapsaron en la cama, exhaustos y satisfechos. El sudor cubría sus cuerpos entrelazados, mientras recuperaban el aliento después de la intensa cogida. Miguel acariciaba el cabello de María con ternura, sabiendo que esa tarde no sería la única en la que compartirían momentos de pasión desenfrenada.