la jovencita no tiena muchas ganas de coger

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La habitación estaba iluminada por una tenue luz roja, casi como si estuviera en un burdel de mala muerte. En el sofá destartalado se encontraba Juan, un hombre de mediana edad con una panza prominente y un aspecto descuidado. Frente a él estaba Laura, una joven de apenas 19 años con una mirada desafiante en sus ojos. Ella vestía una camiseta raída y unos shorts ajustados que dejaban poco a la imaginación. La tensión sexual entre ellos era palpable, pero había algo en la expresión de Laura que indicaba que no estaba del todo interesada en lo que estaba por suceder.

Juan se acercó a Laura con una mirada lujuriosa en sus ojos y trató de besarla, pero ella se apartó bruscamente. «¿Qué te pasa, nena? ¿No tienes ganas de coger?», preguntó Juan con voz ronca. Laura suspiró y respondió con indiferencia: «No tengo muchas ganas, la verdad. Pero necesito el dinero, así que vamos a hacer esto rápido».

A pesar de su aparente falta de entusiasmo, Laura se arrodilló frente a Juan y comenzó a desabrocharle los pantalones lentamente. Él gemía de placer, disfrutando de cada movimientos de la joven a pesar de su actitud recelosa. Laura sacó su verga semi erecta y comenzó a acariciarla con desgana, sin mostrar ningún signo de excitación.

Juan se impacientó y tomó a Laura bruscamente del cabello, obligándola a tomar su verga en su boca. Laura lo miró con resentimiento, pero comenzó a mamar con una habilidad sorprendente a pesar de su aparente desinterés. Juan gemía y la instaba a seguir, disfrutando del calor de su boca a pesar de la falta de entusiasmo de la joven.

Después de un rato de mamadas forzadas, Juan empujó a Laura contra el sofá y comenzó a quitarle la ropa con ansias. Ella se dejó llevar pasivamente, como una muñeca de trapo, mientras él exploraba su cuerpo con avidez. «¿No te gusta esto, putita? ¿No te gusta que te cojan así?», exclamó Juan con malicia mientras deslizaba sus manos por sus tetas pequeñas.

Laura cerró los ojos y se dejó llevar por el momento, tratando de desconectarse de la realidad. Juan la penetró con brusquedad, haciéndola gemir de dolor y placer al mismo tiempo. Sus embestidas eran salvajes y Laura apenas podía contener sus quejidos, aunque su rostro seguía mostrando una mezcla de aburrimiento y resignación.

El sudor comenzó a impregnar sus cuerpos, mezclándose con los gemidos y los sonidos de la cama chirriante. Juan no parecía notar la falta de entusiasmo en Laura, estaba demasiado concentrado en su propio placer. La joven soportaba las embestidas sin emoción, dejando que él la cogiera como si fuera un objeto sin vida.

«¿Vas a venirte dentro de mí?», preguntó Laura de repente, rompiendo el silencio tenso que se había formado. Juan asintió con una sonrisa maliciosa y aumentó el ritmo de sus embestidas. Laura cerró los ojos y se dejó llevar por las sensaciones, tratando de encontrar algún disfrute en medio de la situación.

Finalmente, Juan llegó al clímax y se corrió dentro de Laura con un gemido gutural. Ella se quedó quieta por un momento, sintiendo el calor de su semen llenándola por completo. Una vez que terminaron, Juan se levantó y se vistió con prisa, dejando a Laura sola y desnuda en el sofá.

Ella se levantó lentamente y se vistió con gestos mecánicos, tratando de ignorar la sensación de vacío que la invadía. A pesar de todo, sabía que tendría que seguir adelante y hacer lo que fuera necesario para sobrevivir en ese mundo cruel y despiadado. Y así, con una mezcla de desesperanza y resignación, Laura se marchó de la habitación, dejando atrás la sombra de un encuentro que nunca quiso tener.