La jovencita no se la quiere chupar al novio y al final se lava la boca xD.
La habitación estaba envuelta en una penumbra, apenas iluminada por la luz mortecina de una lámpara de noche. En el aire flotaba un olor a sexo y deseo, alimentado por el calor que emanaba de los cuerpos sudorosos de dos amantes que se consumían mutuamente en un arrebato de pasión desenfrenada. Jenny, una joven de dieciocho años con un cuerpo esculpido por el mismísimo diablo, se encontraba de rodillas ante su novio, Carlos, quien la miraba con ansias incontenibles.
‘¿Qué te pasa, nena? ¿Acaso te da asco chuparme la verga?’ le espetó Carlos, con una mirada de desafío en sus ojos oscuros.
‘No es eso, es solo que… no me siento lista todavía’, respondió Jenny con voz temblorosa, deseando con todas sus fuerzas que Carlos entendiera sus razones. Pero aquel joven impetuoso no estaba dispuesto a aceptar un ‘no’ como respuesta.
‘¡Ya no aguanto más, puta! ¡Quiero sentir tu boca alrededor de mi verga ahora mismo!’ exclamó Carlos, agarrando con fuerza el cabello sedoso de Jenny y empujando su miembro erecto hacia sus labios entreabiertos.
Con un gesto de sumisión, Jenny abrió la boca y dejó que la verga de su novio se adentrara lentamente en su interior, sintiendo cómo llenaba cada rincón de su cavidad bucal. Carlos gemía de placer mientras comenzaba a mover sus caderas, marcando el ritmo de la follada oral que le estaba brindando Jenny, que luchaba por controlar las náuseas que amenazaban con brotar en cualquier momento.
‘¡Eso es, zorra, sigue chupando como la puta que eres! ¡Mira cómo disfruto de tu boca caliente!’ gritaba Carlos, excitado por la sumisión de su joven amante.
Mientras tanto, Jenny se esforzaba por complacer a su novio, ignorando el sabor metálico del sudor y el olor a deseo que impregnaban la habitación. Con cada embestida de Carlos, sentía cómo su garganta se estiraba hasta el límite, provocándole arcadas que apenas lograba contener.
De repente, Carlos se detuvo y exclamó: ‘¡Voy a cogerte como la perra que eres! ¡Ponte a cuatro patas y prepárate para sentir mi verga en tu culo!’ La excitación se apoderó de ambos mientras Carlos se posicionaba detrás de Jenny y comenzaba a lubricar su ano con saliva, preparándolo para la embestida que estaba por venir.
‘No, Carlos, por favor, no estoy lista para eso’, suplicó Jenny, con lágrimas en los ojos, pero sus súplicas cayeron en oídos sordos. Sin mediar palabra, Carlos empujó con fuerza su verga erecta en el estrecho orificio de Jenny, que soltó un grito de dolor y placer mezclados.
El sonido de la piel chocando contra piel resonaba en la habitación, mezclado con los gemidos y los gritos de ambos amantes que se entregaban al éxtasis de la culeada salvaje. Jenny sentía cómo su cuerpo era invadido por la verga de Carlos, llenándola por completo y llevándola al límite de la sensación.
‘¡Sí, sigue así, putita! ¡Aguanta mi verga en tu culito apretado!’ gritaba Carlos, embistiendo con fuerza una y otra vez, sintiendo cómo el placer se acumulaba en lo más profundo de su ser.
Finalmente, en un estallido de pasión desenfrenada, Carlos se dejó llevar por el placer y se corrió dentro de Jenny, llenando su interior con una oleada de semen caliente que terminó de desbordar el deseo de ambos. Exhaustos, se dejaron caer sobre la cama, envueltos en un halo de placer y lujuria.
Después de un momento de silencio, Jenny se levantó con cuidado y se dirigió al baño, donde se enjuagó la boca con agua y se cepilló los dientes con energía, tratando de deshacerse del sabor a sexo que la invadía. Al regresar a la habitación, se encontró con Carlos, quien la miraba con una sonrisa de satisfacción en el rostro.
‘¿Qué, nena? ¿Te gustó chupar verga al final?’ bromeó Carlos, provocando una risa nerviosa en Jenny. Ambos se dejaron caer en la cama, abrazados y satisfechos, sabiendo que aquel momento de pasión desenfrenada quedaría grabado en sus mentes para siempre.



