la jovencita le dice que lo haga despacio por que le esta doliendo

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La joven estaba acostada boca abajo en la cama, con las manos sujetando la almohada con fuerza, mientras su amante se colocaba detrás de ella, ansioso por poseerla. El ambiente estaba cargado de deseo, con una mezcla de sudor y perfume barato impregnando la habitación. La luz tenue de una lámpara creaba sombras sensuales que parecían bailar al ritmo de la pasión desenfrenada que estaba por desatarse.

‘¿Estás lista, nena?’ susurró él, con voz ronca y llena de lujuria, mientras acariciaba suavemente las curvas del cuerpo de la joven. ‘Sí, pero por favor, hazlo despacio… me está doliendo un poco’, respondió ella, con un tono entre el gemido y la súplica en su voz.

Él sonrió de forma perversa, sabiendo que el dolor se mezcla a veces con el placer de una forma indescriptible. Sin decir una palabra más, comenzó a acariciar suavemente los muslos de la joven, subiendo lentamente hacia su cintura, sintiendo la piel suave y caliente bajo sus dedos ávidos de deseo.

‘Relájate, nena’, murmuró él, mientras colocaba sus manos en las caderas de la joven y comenzaba a besar su cuello con ansias. Su aliento caliente enviaba escalofríos por toda la espalda de la chica, que se retorcía de placer bajo sus caricias expertas.

Con cuidado, el amante separó los muslos de la joven, dejando al descubierto su intimidad húmeda y ansiosa de ser poseída. Sin perder un segundo, comenzó a rozar su sexo con movimientos suaves y circulares, sintiendo cómo la excitación de la joven iba en aumento con cada caricia.

‘Sí, así… sigue… pero despacio’, susurró ella entre gemidos, mientras arqueaba su espalda en busca de más contacto. Él obedeció, cediendo a su pedido y deslizando un dedo con cuidado en su interior, sintiendo cómo se estremecía de placer bajo su tacto experto.

La joven gimió más fuerte, sintiendo cómo el deseo la consumía de forma arrolladora. Levantó la mirada hacia el espejo frente a la cama y se vio a sí misma reflejada en él, con los ojos brillantes de excitación y el cuerpo ardiendo de pasión.

‘Te deseo tanto… no puedo esperar más’, murmuró ella, con la voz entrecortada por el deseo desbordante que la invadía por completo. Él asintió con la cabeza, comprendiendo su urgencia, y se colocó sobre ella con suavidad, posicionando su verga dura en la entrada de su concha mojada y lista para ser penetrada.

‘Ahora sí, nena… te voy a coger despacio, pero con toda la pasión que arde dentro de mí’, prometió él, antes de comenzar a empujar lentamente hacia adelante, llenándola por completo con cada centímetro de su virilidad palpitante.

La joven soltó un gemido ahogado, mezcla de dolor y placer, mientras se dejaba llevar por las sensaciones abrumadoras que invadían su cuerpo. Cada embestida era como un suspiro de éxtasis, como una ola de placer que la arrastraba hacia un abismo de sensaciones indescriptibles.

Él continuaba culeando con maestría, controlando cada movimiento, cada ritmo, cada gemido que escapaba de los labios entreabiertos de la joven. Los cuerpos se fundían en un baile erótico, en una danza de pasión desenfrenada que los llevaba al límite de la lujuria.

‘¡Sí, así… más fuerte… más profundo!’ gritó ella, perdida en un mar de sensaciones ardientes que la consumían por completo. Él aceleró el ritmo, embistiéndola con fuerza y ​​determinación, sintiendo la tensión en sus músculos a punto de estallar en un éxtasis compartido.

Y finalmente, en un delirio de placer incontrolable, ambos llegaron al clímax juntos, con un grito ahogado de satisfacción que resonó en toda la habitación. El amor y la pasión se entrelazaron en un abrazo íntimo y profundo, sellando su unión en un acto de entrega total.