la chavita se deja hacer todo lo que el novio le pide

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La chavita se deja hacer todo lo que el novio le pide. La chavita, una joven de apenas 18 años, de cabello negro azabache y ojos avellana, siempre había sido sumisa ante su novio. Él, un hombre mayor, de unos 30 años, con el cuerpo marcado por el trabajo manual, siempre había sido dominante en la relación. Desde que comenzaron a salir, él le había enseñado a la chavita que debía obedecer cada una de sus órdenes, especialmente en la cama. Y ella, ansiosa por complacerlo, no dudaba en hacer todo lo que él le pedía.

Las luces tenues de la habitación apenas iluminaban el sucio colchón en el suelo. La chavita y su novio estaban a solas, con la única compañía de una cámara mal enfocada que grababa cada uno de sus movimientos. El aire estaba cargado de una mezcla de sudor, deseo y lujuria. La chavita sabía lo que se venía y su cuerpo reaccionaba con anticipación.

‘¿Estás lista para mí, putita?’ -dijo el novio con voz ronca, acercándose a ella con paso firme.

‘Sí, mi amor, haz lo que quieras conmigo’, respondió la chavita, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda al ser llamada de esa manera.

El novio comenzó a desvestirla lentamente, disfrutando de cada centímetro de piel descubierta. La chavita temblaba de excitación, esperando con ansias lo que vendría a continuación. Él la empujó suavemente hacia abajo, haciendo que se arrodillara frente a él.

‘Ahora, quiero que me mames la verga como la puta que eres’, dijo el novio con tono autoritario, sacando su miembro erecto ante los ojos de la chavita.

La chavita obedeció de inmediato, tomando la verga de su novio entre sus labios y comenzando a chupar con avidez. Cada succión, cada lengüetazo, era recibido con gemidos de placer por parte del hombre. La chavita se esforzaba por darle todo el placer que él deseaba, sintiendo el sabor salado de su piel en su boca.

‘Sí, así, sigue mamando esa pija, putita’, murmuraba el novio entre gemidos, sujetando la cabeza de la chavita para guiar sus movimientos.

Después de un rato, el novio apartó bruscamente a la chavita y la hizo ponerse en cuatro patas sobre el colchón. Sin mediar palabra, se posicionó detrás de ella y comenzó a acariciar su culo con deseo animal.

‘¡Quiero cogerte duro por el culo, zorra!’, exclamó el novio, pasando su verga por el ano de la chavita.

La chavita gimió de anticipación, sintiendo cómo la verga de su novio se abría camino en su estrecho agujero. Con cada embestida, la joven gemía de dolor y placer, sintiendo cómo el hombre la llenaba por completo.

‘¡Sí, así, cógeme el culo, soy toda tuya!’, gritaba la chavita, entregada por completo a los deseos de su novio.

El ritmo era frenético, los cuerpos chocaban con fuerza una y otra vez, en una danza de deseo desenfrenado. La chavita se sentía llena, abrumada por las sensaciones que invadían su cuerpo con cada embestida. Su novio la agarraba con fuerza de las caderas, marcándola como suya con cada movimiento.

Minutos después, el novio sacó abruptamente su verga del culo de la chavita y la obligó a girarse para mirarlo a los ojos. Con una mirada lujuriosa, la tomó de la cintura y la atrajo hacia él, penetrándola con fuerza en su coño húmedo y caliente.

‘¡Oh, sí, sigue así, dale más fuerte a tu putita!’, gemía la chavita, arqueando la espalda en un gesto de entrega total.

El novio no se detuvo, embistiendo con fiereza a la joven, sintiendo cómo el sudor resbalaba por sus cuerpos entrelazados. La chavita se aferraba a él, sintiendo cómo el éxtasis se apoderaba de cada fibra de su ser.

‘¡Voy a venirme dentro de ti, chavita, en tu concha caliente!’, anunció el novio entre jadeos, acelerando el ritmo de sus embestidas.

Y así, en un último alarido de placer, el novio se dejó llevar por la oleada de la pasión, vaciando todo su ser en el interior de la chavita, quien lo recibió con gratitud y deseo. Los dos quedaron tendidos sobre el colchón, exhaustos y satisfechos, disfrutando el momento de intimidad compartida.