cogiendo rico a morrita colegiala flaquita

8393 views
7 likes
NUEVO GRUPO TELEGRAM

La habitación estaba iluminada por la luz tenue de una lámpara barata que parpadeaba intermitentemente, creando sombras que se movían de manera provocativa sobre las paredes descascaradas. En el colchón raído y desgastado yacía una morrita colegiala flaquita, con sus trenzas despeinadas y sus ojos brillando de deseo. Su uniforme escolar estaba desordenado, revelando un par de pechos pequeños pero firmes, con pezones erectos de excitación.

El chico que estaba con ella, un joven fornido y con una mirada lujuriosa, se acercó lentamente a la morrita, desabrochando su pantalón con un gesto de hambre desenfrenada. La colegiala temblaba de anticipación, sintiendo la verga del chico endureciéndose en sus manos mientras la acariciaba con destreza. Sus labios temblaban de deseo, ansiosos por sentir todo su miembro dentro de su boca.

‘Mmm, qué ganas tenía de cogerte así, morrita. Vas a disfrutar cada centímetro de mi verga’, murmuró el chico con voz ronca, empujando la cabeza de la colegiala hacia su entrepierna.

La morrita envolvió la pija del chico con sus labios, sintiendo el sabor a sal y a hombre en su lengua. Comenzó a mamar con ansias, moviendo su cabeza de arriba abajo en un vaivén de deseo desenfrenado. El chico gemía de placer, acariciando el cabello de la morrita con una mano mientras la otra agarraba su propio miembro, aumentando el ritmo de la mamada.

‘Así, así, sigue mamando mi verga, morrita. Eres una putita insaciable’, gruñó el chico, sintiendo cómo la boca de la colegiala lo llevaba al borde del éxtasis.

Después de un rato, el chico apartó bruscamente a la morrita, tirándola en la cama y quitándole la falda del uniforme escolar con violencia. La morrita jadeaba de excitación, sabiendo lo que venía a continuación. El chico la penetró con fuerza, sintiendo cómo su verga se deslizaba sin resistencia en la concha mojada de la colegiala. Los gemidos resonaban en la habitación, mezclados con el sonido de los cuerpos chocando sin piedad.

‘¡Sí, dame más! ¡Cógeme rico, chico malo!’, gritó la morrita, arqueando la espalda de placer mientras el chico embestía una y otra vez con una pasión desenfrenada.

Los minutos se convirtieron en horas de pura lujuria y deseo desenfrenado. El sudor cubría los cuerpos de los amantes, mezclándose con los gemidos y los susurros de placer. La morrita se aferraba a las sábanas, sintiendo cada embestida del chico como un rayo de placer que la recorría de arriba abajo.

‘¿Te gusta, eh? ¿Te gusta sentir mi verga llenándote toda, putita?’, gruñó el chico, aumentando el ritmo de sus embestidas y sintiendo cómo el orgasmo se acercaba a pasos agigantados.

La morrita gritaba de placer, sintiendo cómo el clímax se acercaba velozmente, una ola de placer incontenible que la envolvía por completo. Y justo en el momento en que ambos llegaron al límite de la pasión, el chico se dejó llevar por la vorágine del éxtasis, soltando un grito gutural mientras su semen caliente se derramaba en el interior de la colegiala.

Ambos jadeaban exhaustos, sintiendo cómo el cansancio y el placer los envolvían en una nube de satisfacción. Se miraron a los ojos, con complicidad y deseo en sus miradas, sabiendo que aquel encuentro clandestino había sido solo el comienzo de algo mucho más intenso.