chavita obligada a chuparsela a gordo asqueroso

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La chavita se encontraba en una situación desesperada. Había llegado a la casa de aquel gordo asqueroso con la promesa de un trabajo bien remunerado, pero lo que no sabía era que tendría que pagar un precio muy alto por ello. El ambiente estaba cargado de tensión y sudor, la habitación sucia y descuidada, con ropa barata tirada por todas partes.

El gordo asqueroso se acercó a ella con una sonrisa perversa en su rostro y sin mediar palabra la empujó hacia sus rodillas. La chavita sintió un nudo en el estómago, sabía lo que se venía y no quería hacerlo, pero se sentía atrapada y sin salida. El gordo sacó su verga flácida y sucia y se la restregó en la cara, obligándola a abrir la boca.

«¡Chupa, putita! ¡Traga toda mi leche!», gritó el gordo mientras sujetaba la cabeza de la chavita con fuerza. Ella empezó a mamársela con repugnancia, sintiendo el sabor salado de su miembro en su boca. Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, pero no podía detenerse, estaba obligada a seguir.

Cada embestida del gordo la hacía sentirse más humillada y sucia. La habitación olía a sexo y desesperación, el gordo gemía de placer mientras la chavita seguía mamándosela con aversión. El asqueroso sudor del hombre resbalaba por su cuerpo, mezclándose con el de ella.

«¡Más profundo, zorrita! ¡Quiero sentir tu garganta apretada alrededor de mi verga!», ordenó el gordo con voz ronca. La chavita sintió náuseas, pero no podía detenerse. La vergüenza y el miedo la paralizaban, sabía que no podía escapar de esa situación.

Después de un rato que pareció una eternidad, el gordo finalmente se corrió en la boca de la chavita, obligándola a tragar toda su leche. Ella sintió arcadas y lágrimas en sus ojos, pero logró contenerse. El gordo se apartó de ella con una risa malévola y la dejó tirada en el suelo, sintiéndose sucia y violada.

Esa experiencia la perseguiría por el resto de su vida, pero también despertó en ella una sensación de rabia y determinación. La chavita juró vengarse de aquel gordo asqueroso y nunca más permitir que alguien la humillara de esa manera.