chavita colegiala se la llevan a coger al monte y ella se pone a mamar primero

23392 views
36 likes
NUEVO GRUPO TELEGRAM

La chavita colegiala estaba emocionada y algo nerviosa. Había aceptado ir con varios de sus compañeros al monte, un lugar apartado donde solían reunirse para fumar marihuana y tener encuentros sexuales. Vestía su corta falda de colegiala, una blusa ajustada que resaltaba sus jóvenes pechos y unas zapatillas blancas. Su cabello negro caía en cascada sobre sus hombros, y su mirada traviesa denotaba su excitación.

El sol se filtraba entre las ramas del frondoso bosque, creando un ambiente de misterio y promesa. Los chicos la rodearon con ansias, palpando sus nalgas y levantando su falda con lascivia. La chavita se dejaba llevar por la excitación del momento, sintiendo el deseo arder en su entrepierna.

«Toma, putita, míralo bien», le dijo uno de los chicos, sacando su verga dura y acercándosela a la boca. Sin dudarlo, la chavita colegiala abrió sus labios y comenzó a mamar con ansias. Sentía el sabor salado de su miembro en su lengua, mientras los demás la rodeaban, excitados por la escena que se desarrollaba frente a ellos.

Los gemidos se entremezclaban con el sonido de la naturaleza, creando una sinfonía de lujuria. La chavita se esforzaba por complacer a cada uno de los chicos, alternando entre sus vergas hinchadas y jugosas.

«Mmm, qué buena mamada, chavita», exclamó uno de ellos, agarrando su cabeza y dirigiendo sus movimientos. La colegiala se dejaba llevar, disfrutando del sabor del sexo y del poder que ejercía sobre los hombres que la rodeaban.

Uno a uno, los chicos fueron tomando turno para penetrarla, excitados por la vista de su amiga colegiala entregada al placer. La chavita gemía de gusto, sintiendo cómo las vergas la llenaban y estiraban su interior.

«Qué apretada estás, putita», gruñó uno de los chicos, embistiéndola con fuerza. La colegiala se aferraba a un árbol cercano, entregándose al embate de sus compañeros con entrega y desenfreno.

El sudor perlaba sus cuerpos, mezclándose con el polvo del suelo y el olor a sexo que impregnaba el aire. La chavita gemía y suspiraba, disfrutando de cada embestida, de cada verga que la penetraba sin piedad.

Los chicos se turnaban para cogerla en cada posición imaginable, explorando cada rincón de su joven cuerpo con avidez. La chavita se dejaba llevar por la sensación abrumadora de placer, entregándose por completo al goce y la lujuria.

Finalmente, uno de los chicos decidió llevar las cosas a otro nivel. Sin mediar palabra, posicionó su verga en el estrecho ano de la chavita colegiala, preparándose para culearla con fuerza y sin miramientos.

La colegiala gimió al sentir cómo la verga se abría paso en su culito virgen, llenándola de sensaciones desconocidas y excitantes. Sus gritos se perdían en el bosque, ahogados por el deseo que la consumía por dentro.

El chico la embestía con fuerza, sintiendo cómo su verga se hundía en lo más profundo de su ser. La chavita se retorcía de placer, entregándose al sexo anal salvaje que la estaba llevando al límite de su resistencia.

Los otros chicos la rodeaban, excitados por la escena que tenían ante sus ojos. La chavita colegiala se sentía en el centro del deseo de aquellos hombres, complaciéndolos con su cuerpo joven y deseoso de placer.

Finalmente, el chico que la penetraba por el culo no pudo contenerse más. Con un gruñido ronco, se dejó ir en un orgasmo poderoso, llenando el interior de la chavita de su venida caliente y espesa.

La colegiala sintió el calor del semen llenando su interior, uniendo sus cuerpos en un éxtasis compartido. Los demás chicos no tardaron en seguir su ejemplo, cubriendo su cuerpo con su gratificación y su deseo cumplido.

La chavita colegiala se dejó caer en el suelo, exhausta pero satisfecha. El sol comenzaba a ponerse en el horizonte, tiñendo el bosque de tonos dorados y creando una atmósfera de paz y quietud después de la tormenta de placer que acababa de vivir.