chavita colegiala se deja coger por el profesor panzon a cambio de calificacion

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La chavita colegiala, de apenas 18 años, se encontraba nerviosa e inquieta. Estaba en el salón de clases después de la hora de clases, esperando al profesor que la había citado. Su corazón latía con fuerza y podía sentir cómo un ligero rubor le subía por el cuello al pensar en lo que estaba a punto de suceder. Había escuchado rumores acerca de cómo el profesor panzón manipulaba a las alumnas más vulnerables, ofreciéndoles buenas calificaciones a cambio de favores sexuales. Y ella, desesperada por no reprobar la materia, había decidido arriesgarse y aceptar su proposición.

El profesor panzón finalmente entró al salón y cerró la puerta tras de sí. Su mirada lujuriosa recorrió el cuerpo de la chavita con descaro, haciendo que se sintiera aún más desnuda de lo que ya estaba. Su panza prominente se abultaba bajo la camisa arrugada y los pantalones ajustados, denotando una excitación incontrolable. Sin decir palabra, se acercó a la colegiala y comenzó a acariciarle el rostro con rudeza.

‘Así que quieres subir tu calificación, ¿verdad, pequeña puta?’ -gruñó el profesor, mientras sus manos descendían por el cuerpo tembloroso de la joven. ‘Pues tendrás que ganártela, y no será fácil’.

La chavita cerró los ojos con resignación, sintiendo las manos ásperas del profesor explorando su cuerpo juvenil. Sabía que no había marcha atrás, que se había metido en un camino sin retorno. Sin embargo, una parte de ella se sentía excitada por la prohibición y el riesgo de la situación.

El profesor comenzó a desabrochar la blusa de la colegiala, dejando al descubierto un sostén juvenil y unas tetas firmes que pugnaban por salir. Sin más preámbulos, puso al alcance de esos senos sus desgastadas manos y los apretó con fuerza, haciéndola gemir de dolor y placer al mismo tiempo.

‘¿Te gusta lo que sientes, eh?’ -dijo el profesor entre jadeos, notando cómo los pezones de la chavita se endurecían bajo su contacto. ‘Pues prepárate, porque esto no es nada comparado con lo que te espera’.

La colegiala sintió un escalofrío recorrer su espalda al escuchar esas palabras, sabiendo que lo peor estaba por venir. El profesor la empujó con brusquedad sobre el escritorio y comenzó a quitarle la falda, dejando al descubierto unas piernas delgadas y temblorosas. Sin mediar palabra, la recostó boca arriba y hundió su rostro entre sus muslos.

‘¡No, por favor, detente!’ -protestó la chavita, sintiendo la lengua áspera del profesor abrirse paso entre sus labios y buscar su intimidad. ‘¡Esto no está bien, no puedo hacerlo!’

El profesor panzón ignoró sus súplicas y se dedicó con voracidad a devorarla, bebiendo de sus jugos con ansia y descontrol. La chavita, a pesar de sus resistencias iniciales, no pudo evitar gemir de placer al sentir esa lengua sucia recorrer cada rincón de su feminidad, llevándola al borde de la locura.

Después de un rato que pareció una eternidad, el profesor se puso de pie y desabrochó su bragueta, liberando una verga flácida y sudorosa que apuntaba directamente a la cara de la colegiala. Sin darle tiempo a reaccionar, se la introdujo en la boca, obligándola a chupar con avidez mientras él gemía de placer.

‘¡Sí, chupármela bien, putita!’ -exclamaba el profesor entre jadeos, disfrutando del espectáculo de la jovencita sometiéndose a sus deseos más bajos. ‘Eres una zorra nata, ¿verdad? Te gusta que te dominen de esta forma’.

La chavita, con las lágrimas resbalando por sus mejillas, continuaba su labor de succión con resignación, sintiendo la pija del profesor crecer en su boca y llegar a su garganta. A pesar de su repulsión inicial, no pudo evitar excitarse con la sumisión y el morbo de la situación, dejando que su instinto más primario tomara el control.

Finalmente, el profesor la apartó de un empujón y la colocó en posición de cuatro sobre el escritorio, listo para penetrarla sin contemplaciones. Con un solo movimiento brusco, hundió su verga en la conchita virgen de la chavita, desgarrando su himen y haciéndola gritar de dolor y éxtasis al mismo tiempo.

‘¡Sí, así, así, más duro!’ -gritaba el profesor, embistiendo con fiereza el culo de la colegiala, haciéndola gemir y suplicar por más. ‘Eres toda mía, pequeña puta, y te voy a coger como nunca te han cogido en tu vida’.

La chavita, entregada ya al placer y la lujuria, se abandonaba completamente al ritmo frenético de las embestidas, sintiendo cómo el dolor se convertía en un placer indescriptible. El sudor cubría sus cuerpos mientras se entregaban al acto más obsceno y prohibido, sin importarles las consecuencias.

El profesor panzón, al borde del éxtasis, aumentó la intensidad de sus embestidas, llevando a la chavita al límite de sus fuerzas. Con un último alarido gutural, se dejó ir dentro de ella, llenando su conchita con su semen caliente y espeso.

La chavita, exhausta y satisfecha, se dejó caer sobre el escritorio, sintiendo cómo su cuerpo temblaba de la intensidad del orgasmo. Sabía que había cruzado una línea que no podría deshacer, pero en ese momento, en los brazos del profesor panzón, se sentía más viva y libre que nunca.