aprovecha de que sus tios no estan y entra al cuarto de su prima para cogerla

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El calor del verano hacía que la casa se sintiera bochornosa, el aire acondicionado no funcionaba y los ventanales apenas dejaban entrar una brisa débil. La prima se encontraba esperando a su novio, pero antes de que llegara, decidió darse una ducha rápida en la habitación que compartía con su hermana menor. Los tíos se habían ido de viaje por el fin de semana, dejando a los jóvenes a solas en la casa.

Con el cuerpo aún húmedo por el agua templada, la prima salió de la ducha envuelta en una toalla rosa que apenas cubría sus curvas. Sus pechos se marcaban bajo la tela y su trasero redondeado era tentador. Fue en ese momento que el primo, al acecho, decidió actuar aprovechando la situación.

—¡Mierda! —jadeó él al verla salir del baño—. ¡Qué buena que estás, prima! ¡No puedo resistirme a tus encantos! ¡Voy a cogerte tan duro que gemirás sin parar!

La prima se sobresaltó al escuchar la voz del primo y se giró sorprendida al verlo parado en la puerta con una sonrisa de deseo en el rostro. Deseó protestar, pero el fuego que sentía entre sus piernas lo impidió. Entre miradas cómplices, se acercaron lentamente, envueltos en una tensión palpable.

La toalla cayó al suelo con un susurro, revelando la piel bronceada de la prima y su entrepierna cubierta por un pequeño triángulo de encaje negro. El primo no pudo contenerse y se abalanzó sobre ella, atrapando sus labios en un beso hambriento y lujurioso.

—’Vas a gozar como nunca, putita’ —murmuró el primo entre besos—. ‘Voy a follarte tan duro que no podrás caminar durante días’.

La prima gimió en respuesta, sus manos buscando desesperadamente la verga del primo que ya se había endurecido bajo el roce de sus cuerpos. Sin decir una palabra más, se arrojaron sobre la cama desordenada, enredados en una danza de deseo y ansias carnales.

La habitación se llenó con el sonido de la pasión desenfrenada, gemidos entrecortados, suspiros de placer y el chasquido de las sábanas siendo apartadas con brusquedad. La prima arqueó la espalda al sentir la verga del primo penetrarla con fuerza, hundiéndose en la humedad de su concha con una intensidad abrumadora.

‘¡Ah, sí, así, hazme tuya! —exclamó la prima, clavando las uñas en la espalda del primo—. ¡No pares, sigue cogiéndome hasta que no pueda más!’

El primo embestía con vigor, sus caderas chocando contra las de ella en un ritmo frenético de deseo desenfrenado. Cada embestida era recibida con gemidos extáticos, sus cuerpos fundiéndose en una unidad de placer y lujuria desenfrenada.

Luego de un rato, cambiaron de posición, con la prima arqueando el trasero hacia arriba y el primo preparándose para penetrar su culo con ansia y deseo desbordante.

‘¡Te voy a follar por donde más te guste, prima! —gritó el primo, su voz ronca de excitación—. ¡Tu culito va a quedar marcado por mi verga para siempre!’

Con un gemido ahogado, la prima sintió cómo la pija del primo se abría paso en su trasero, estirándolo con una mezcla de dolor y placer indescriptible. Cada embestida hacía que un nuevo estallido de sensaciones recorriera su cuerpo, llevándola a un éxtasis sin igual.

La habitación se llenó con los sonidos obscenos del sexo anal, mezclados con los jadeos, gemidos y vulgares palabras susurradas al oído. El sudor resbalaba por sus cuerpos entrelazados, el olor a sexo impregnaba el aire y la única realidad era el placer compartido en comunión carnal.

Finalmente, el primo no pudo contenerse más y con un gruñido ronco, se dejó llevar por la vorágine de sensaciones que lo abrumaban, eyaculando con fuerza y liberando su semen caliente en el interior apretado de la prima.

Ambos jadeaban exhaustos, con los cuerpos aún temblando por la intensidad del clímax alcanzado. Se quedaron abrazados, sin palabras, sintiendo el latido acelerado de sus corazones y la satisfacción plena de haberse entregado a la lujuria desenfrenada.