Apenas en la prepa pero tienes que ver el delicioso culazo de esta morrita

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La temperatura en la prepa se elevaba con cada segundo que pasaba. Los pasillos estaban repletos de alumnos ansiosos por terminar sus clases y salir a disfrutar del fin de semana. En medio de todo ese bullicio, se encontraba Daniel, un chico de diecisiete años, con la mente puesta en una sola cosa: el delicioso culazo de una morrita que lo volvía loco.

Desde que llegó a la prepa aquel año, había notado a Karen, una joven de dieciséis años con curvas sin fin y una actitud desafiante que despertaba en él deseos salvajes. Habían coincidido en varias clases y él aprovechaba cualquier oportunidad para admirar su trasero perfecto cuando ella caminaba por los pasillos.

Un viernes por la tarde, mientras todos se preparaban para el fin de semana, Daniel recibió un mensaje en su teléfono. Era un video enviado por un amigo en el que se veía a Karen en una situación comprometedora. No pudo resistir la tentación y decidió verlo de inmediato.

El video comenzaba con Karen en el baño de la prepa, mirando furtivamente a su alrededor antes de levantarse la falda y mostrar su tanguita diminuta. Daniel no podía creer lo que veía, su corazón comenzó a palpitar con fuerza y su entrepierna se endureció al instante.

Karen se acercó a la cámara y susurró con voz sensual: «¿Te gusta lo que ves, Daniel? Sabía que te gustaba mi culazo». Él no podía articular palabra, solo era capaz de mirar embobado la pantalla de su celular.

La joven continuó moviéndose de forma provocativa, dejando ver cada centímetro de su cuerpo perfecto. Daniel estaba al borde de la locura, deseando estar allí para poder tocarla, besarla, cogerla como nunca antes lo había hecho.

De repente, la puerta del baño se abrió y entró un chico mayor, musculoso y con una mirada perversa. Karen lo miró con desafío y sin mediar palabra se arrodilló frente a él y comenzó a desabrochar su pantalón.

La escena se volvió aún más candente cuando Karen tomó la verga del chico con una mano y comenzó a masturbarlo lentamente. Daniel sentía que estaba a punto de explotar de deseo, era como si estuviera allí mismo, viviendo esa experiencia única.

El chico musculoso tomó a Karen por el cabello y la obligó a mirarlo directamente a los ojos. «Te voy a dar lo que estás buscando, putita», susurró con voz ronca mientras la empujaba contra la pared.

‘¡No puedo seguir viendo esto!’, pensaba Daniel, pero algo en su interior le obligaba a no apartar la mirada. Cada gemido, cada suspiro, cada movimiento de cadera lo llevaban más cerca del límite de placer.

Karen se apoyó en el lavamanos, ofreciendo su culo perfecto al chico musculoso que no dudó en penetrarla con fuerza. Los gritos de placer resonaban en el pequeño baño, mezclándose con el sonido de la ropa siendo rasgada y las maldiciones susurradas al oído.

Daniel se mordió el labio inferior con fuerza, queriendo contener el gemido que amenazaba con escapar de su garganta. Su verga estaba dura como una roca y su mano la acariciaba instintivamente, siguiendo el ritmo de la cámara que capturaba cada instancia de la culeada frenética.

Los minutos se volvieron eternos mientras el chico musculoso embestía una y otra vez el culo de Karen, llevándola al borde del abismo del placer. Ella se retorcía de gusto, gimiendo sin control, pidiendo más, siempre más.

El sonido de la carne chocando contra la carne resonaba en el baño, mezclado con gemidos ahogados y susurros obscenos. Daniel estaba completamente absorto en la escena, como si fuera un voyeur en una experiencia prohibida e intensamente excitante.

Finalmente, el chico musculoso no pudo contenerse más y con un gruñido gutural se dejó ir dentro de Karen, llenándola con su venida caliente y espesa. Ella se dejó caer sobre el lavamanos, exhausta pero completamente satisfecha.

La imagen se desvaneció de la pantalla y Daniel quedó sentado en su cama, sin aliento y con la verga palpitando en su mano. Sabía que aquella experiencia lo perseguiría para siempre, alimentando sus fantasías más oscuras y excitantes.