a la jovencita le encantan las vrgas grandes y se ensarta como loca

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En un pequeño departamento de la periferia de la ciudad, se encontraba Martha, una jovencita de 19 años con unas curvas de infarto y una insaciable sed de sexo. Había quedado con Juan, un chico con un miembro descomunal que había conocido en una fiesta el fin de semana pasado. Desde entonces, Martha no podía sacarse de la cabeza la idea de tener esa verga gigante dentro de ella, haciendo estragos en su interior.

La habitación de Martha era un desastre, la ropa tirada por el suelo, la cama deshecha y un olor a sexo que impregnaba el ambiente. Juan llegó puntualmente, con una sonrisa lujuriosa en los labios y un bulto evidente en sus pantalones que indicaba lo excitado que estaba por la noche que les esperaba. Sin mediar palabra, Martha se abalanzó sobre él, ansiosa por tener esa verga entre sus manos.

‘Vaya, vaya, parece que hoy tienes hambre de pija, ¿no, zorrita?’ dijo Juan con voz ronca mientras acariciaba el trasero de Martha. Ella gimió de placer al sentir sus manos recorriendo su cuerpo, deseando que la poseyera con fuerza y pasión.

‘Oh, sí, dame esa verga, quiero sentirla dentro de mí, reventándome hasta el fondo’, susurró Martha con voz entrecortada por la excitación. Juan no perdió el tiempo y sacó su miembro erecto, mostrándoselo a Martha que no pudo contener un gemido de deseo al ver semejante tamaño.

La joven se arrodilló frente a Juan y comenzó a acariciar su verga con maestría, sintiendo cómo crecía aún más en su mano. La lengua de Martha acariciaba el glande hinchado, saboreando el precum que brotaba de la punta, excitando aún más a Juan que no podía esperar más para poseerla.

‘¡Basta de juegos, quiero cogerte como la puta que eres!’ exclamó Juan con deseo, empujando a Martha hacia la cama y colocándola a cuatro patas. Sin decir una palabra más, la penetró de un solo golpe, haciéndola gemir de placer y dolor al sentirse tan llena.

Los cuerpos de ambos se fundieron en un vaivén frenético, una danza de piel sudorosa y gemidos desenfrenados. Juan embestía a Martha con fuerza, sintiendo cómo sus caderas chocaban contra las nalgas de la joven, marcando un ritmo salvaje e incontrolable.

‘¡Sí, sí, así, no pares, cógeme más fuerte!’ gritaba Martha entre jadeos, sintiendo cada embestida como un deleite indescriptible. El placer la invadía por completo, haciendo que su cuerpo temblara de excitación.

La verga de Juan se deslizaba con facilidad dentro de la concha ardiente de Martha, llenándola por completo y rozando todos sus puntos sensibles. El calor del momento los consumía, llevándolos a un éxtasis imparable donde solo existía el deseo y la lujuria compartida.

‘¡Me encanta cómo me coges, dame más, más duro, más profundo!’ suplicaba Martha, gimiendo sin control mientras se dejaba llevar por la vorágine de sensaciones que la embargaban. Juan, por su parte, no podía contenerse más y aceleró el ritmo de sus embestidas, sintiendo cómo el clímax se acercaba con inexorable rapidez.

Finalmente, entre gemidos y gritos de placer, Juan y Martha alcanzaron juntos el clímax, sintiendo cómo sus cuerpos se sacudían en un brutal orgasmo compartido. El semen de Juan se derramó dentro de Martha, llenándola por completo y llevándola a un éxtasis inigualable que la dejó sin aliento.

Los dos cuerpos se desplomaron exhaustos sobre la cama, envueltos en una mezcla de sudor y placer que los dejó completamente saciados y extasiados. Habían encontrado en el sexo una conexión única, un lazo que los unía de una forma que ninguna otra experiencia podía hacerlo.