con el uniforme puesto de la escuela pero sin calzones abajo

Descargar
31 views
1 likes
NUEVO GRUPO TELEGRAM

Con el uniforme escolar aún puesto, pero sin calzones abajo, la joven zorrita se sentía excitada y traviesa. La falda a cuadros apenas cubría su trasero ansioso de verga, mientras su blusa blanca ajustada resaltaba sus tetitas erguidas de deseo. El sudor perlaba su frente, mezclándose con el maquillaje corrido por la anticipación de la cogida venidera.

‘¡Quiero sentir tu verga dentro de mí!’, gemía ella, arqueando la espalda y mordiéndose el labio inferior con lujuria. Él la observaba con ojos de deseo desbocado, sintiendo cómo su pija latía de excitación, lista para darle a esa putita lo que tanto ansiaba.

Con movimientos bruscos, la tomó del brazo y la empujó contra la pared, levantándole la faldita sin miramientos. Ella soltó un gemido ahogado al sentir la cabeza de su verga rozando su entrada empapada, ansiando el primer roce de piel contra piel.

‘¿Así querías sentirme, eh? ¡Pues toma, putita!’, gruñó él antes de embestirla con fuerza, haciéndola gritar de placer. El sonido de sus cuerpos chocando resonaba en la habitación, acompañado por los gemidos guturales y las súplicas obscenas de la colegiala en celo.

El sudor se mezclaba con el olor a sexo mientras continuaban culeando sin descanso, explorando cada rincón de placer que sus cuerpos les ofrecían. Él agarraba sus nalgas con fuerza, marcando su piel con la intensidad de la cogida, mientras ella arañaba su espalda en busca de más, más duro, más profundo.

‘¡Cógeme como la puta que soy!’, gritaba ella, enloquecida por el éxtasis que se acercaba a pasos agigantados. Él obedecía sin titubear, embistiendo con fiereza su concha hambrienta, sintiendo cómo el orgasmo se acercaba como una avalancha imparable.

Los gemidos se intensificaban, los cuerpos se retorcían en un baile de placer desenfrenado. Él la tomó de las caderas y la giró bruscamente, colocándola en posición de perrito para seguir culeándola sin piedad, admirando el espectáculo de su culo prieto siendo tomado por su verga voraz.

‘¡Sí, así, así! ¡Dame más, dame todo!’, imploraba la colegiala, sintiendo cómo el éxtasis se apoderaba de cada fibra de su ser. Él embestía una y otra vez, sin tregua, sin pausa, gozando del espectáculo de la perra sumisa entregándose a él por completo.

El sonido húmedo de sus cuerpos chocando se mezclaba con los gemidos y los susurros obscenos que inundaban la habitación. Ella se aferraba a la cama, sintiendo cómo el orgasmo se aproximaba con paso firme, dispuesto a llevarla al límite del placer más extremo.

‘¡Voy a acabar, putita! ¡Prepárate para sentir mi leche caliente dentro de ti!’, gruñó él, aumentando la velocidad de sus embestidas, llevándola al borde del abismo del placer. Ella asintió entre gemidos, ansiosa por recibir la venida que tanto ansiaba.

Y entonces, en un frenesí de culeo desenfrenado, el orgasmo los envolvió a ambos, haciéndolos gritar de placer. Él se dejó llevar por la oleada de placer, vaciando toda su leche dentro de ella, sintiendo cómo su semen la llenaba y la satisfacía como ninguna otra verga lo había hecho antes.

El éxtasis los consumió por completo, dejándolos jadeantes y extasiados en un mar de sábanas revueltas y fluidos mezclados. La colegiala sonrió satisfecha, sabiendo que la próxima vez sería aún más intensa y placentera.