La escort llegó al campo de golf luciendo un vestido ajustado que marcaba sus curvas pecaminosas. El sol del mediodía hacía brillar su piel bronceada, mientras sus tacones resonaban en el suelo. El sudor perlaba su frente, creando un aura de lujuria que impregnaba el ambiente.
‘¿Te gusta el golf, eh?’ preguntó el cliente con una sonrisa lasciva. ‘Más me gusta coger rico’, respondió la escort con voz seductora, desabrochando lentamente los botones de su blusa para revelar sus tetas firmes y provocativas.
La tensión sexual era palpable en el aire mientras se adentraban en el campo. Cada golpe de palo resonaba como un gemido reprimido, alimentando la excitación que crecía entre ellos.
‘Aquí vamos a jugar un juego muy distinto’, murmuró el cliente, acariciando el trasero de la escort con avidez. Ella gimió suavemente, anticipando el placer que estaba por venir.
Entre los arbustos, se detuvieron. El cliente empujó a la escort contra un árbol, levantándole la falda para exponer su trasero desnudo. ‘Ahora te voy a enseñar cómo se juega al golf de verdad’, gruñó él antes de cogerla con fuerza por la cintura y penetrarla sin contemplaciones.
Los gemidos de ella se mezclaron con el canto de los pájaros, creando una sinfonía de lujuria en plena naturaleza. Cada embestida era más salvaje que la anterior, cada penetración era un grito de placer contenido.
‘¡Sí, así, cógete mi culo con fuerza!’, suplicó la escort entre jadeos entrecortados. El cliente obedeció, embistiendo con una ferocidad que la hizo arquear la espalda de placer.
El sudor resbalaba por sus cuerpos entrelazados, mezclándose con la tierra del campo de golf. La escort se aferraba a la corteza del árbol, sintiendo cada embestida llegar más profundo, más intenso.
El cliente tomó un puñado de cabello de la escort y tiró con fuerza, inclinando su cabeza hacia atrás para mostrar su garganta expuesta. ‘Eres una puta insaciable’, gruñó él, aumentando la velocidad de sus embestidas hasta el límite.
El orgasmo los alcanzó como un vendaval, sacudiendo sus cuerpos en un frenesí de placer desenfrenado. La escort se estremeció con espasmos de éxtasis, mientras el cliente se dejaba llevar por la vorágine de sensaciones intensas.
Después del clímax, se miraron con complicidad, sabiendo que aquel juego de golf había llevado su relación a un nivel completamente nuevo. Aún con el sudor empapando sus cuerpos, se fundieron en un abrazo apasionado, listos para explorar juntos nuevos horizontes de placer.
La escort se acomodó su vestido, arregló su cabello despeinado y le guiñó un ojo al cliente. ‘Este solo fue el primer hoyo, ¿listo para jugar los siguientes?’



