mamando en el colegio y casi los cacha el prefecto

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En un colegio decadente y caliente, dos estudiantes rebeldes se esconden en el baño para saciar sus bajos instintos sexuales. Ella, con su uniforme ajustado y mojado de deseo, se arrodilla frente a él, desabrochando su pantalón y sacando su verga hinchada y ansiosa de placer. Sin mediar palabra, comienza a mamar con ansias, lamiendo cada centímetro con lujuria mientras él gime de placer.

‘¡Oh sí, mamá mi verga con tus labios sucios, putita! ¡Eres una experta en mamar pollas!’ -grita él, agarrando su cabeza y empujando su miembro hasta lo más profundo de su garganta, provocando arcadas y lágrimas de excitación en ella.

Los gemidos de placer resuenan por los sucios azulejos del baño, mezclándose con el sonido de la cisterna que gotea sin cesar. Él la levanta bruscamente, la inclina contra la pared y con un movimiento rápido, baja su ropa interior y la penetra con fuerza, sin compasión, haciéndola gemir de dolor y placer.

‘¡Sí! ¡Cógeme como la perra que soy! ¡Hazme tuya, hazme sentir toda tu verga dentro de mi concha!’ -grita ella, entre gemidos descontrolados, sintiendo cada embestida como una descarga eléctrica de placer extremo.

El sudor empapa sus cuerpos juveniles mientras cogen en esa posición prohibida, mezclando sus fluidos y dejando manchas indelebles en la pared blanca. Él la toma de las caderas con fuerza, embistiéndola con frenesí, sintiendo cada contracción de su coño apretado envolviendo su verga con desesperación.

De repente, un ruido en la puerta los hace detenerse en seco, el prefecto está al acecho y casi los descubre en pleno acto indecente. Rápidamente se visten entre risas nerviosas, sintiendo la adrenalina recorrer sus cuerpos excitados. Prometen continuar su encuentro más tarde, en un lugar más seguro y privado donde puedan dejarse llevar por la lujuria sin miedo a ser descubiertos.

Horas después, en un aula vacía y en penumbras, vuelven a desatarse en una vorágine de sexo desenfrenado. Él la tumba en el escritorio, le levanta las piernas y la penetra con furia, haciéndola gritar de placer y dolor al mismo tiempo.

‘¡Así, así! ¡Qué rico coger tu concha apretada, sentirte toda adentro, putita!’ -gime él, embistiéndola con una pasión descontrolada, llevándola al borde del éxtasis una y otra vez.

Ella se retuerce de placer, arqueando la espalda y aferrándose a la mesa, sintiendo cada embestida como una descarga eléctrica que recorre todo su cuerpo. Sus gemidos se mezclan con los ruidos de la aula vacía, creando una sinfonía de lujuria y deseo incontrolable.

El escritorio se convierte en testigo mudo de su encuentro salvaje, en el que la pasión desbordada y los cuerpos sudorosos se funden en un baile frenético de culeadas incesantes y gemidos ahogados de placer.

Finalmente, llegan juntos al clímax, con gritos de placer que rompen el silencio de la noche. Él se derrama dentro de ella, sintiendo su venida caliente y abundante, marcándola como suya para siempre en ese lugar prohibido y sucio.

Se separan exhaustos, con una sonrisa de complicidad en los labios, sabiendo que su secreto les une en un pacto de lujuria y deseo compartido que no podrán romper jamás.