dale mas despacio por que me duele

Descargar
169 views
0 likes
NUEVO GRUPO TELEGRAM

El sudor resbalaba por sus cuerpos desnudos, iluminados por la débil luz de la lámpara. Él la miraba con deseo, con ansias de cogerla tan fuerte que gemidos de placer resonaran en toda la habitación.

Ella, recostada en la cama con las piernas abiertas, rogaba entre susurros: ‘Dale más despacio, que me duele’. Pero él no quería escuchar excusas, solo necesitaba satisfacer su deseo, penetrarla sin compasión.

Agarrándola con fuerza de las caderas, la verga dura como una roca buscaba el camino hacia su concha mojada. ‘¡Vas a disfrutar cada centímetro!’, gruñó él, enterrando su pija con furia en su interior.

Los gemidos se mezclaban con el sonido de sus cuerpos chocando, el placer se apoderaba de ambos mientras el vaivén de culeado se hacía más intenso.

Entre besos salvajes y mordidas en el cuello, él le susurraba al oído: ‘Te voy a coger tan profundo que ya no podrás pensar en el dolor, solo en el éxtasis que te estoy regalando’.

Ella, entregada al placer, se retorcía de gusto con cada embestida, sintiendo cómo su cuerpo se llenaba de deseo y lujuria.

El sudor se mezclaba con la saliva, creando una capa pegajosa sobre sus pieles que brillaban con el ardor del momento. Él aceleraba el ritmo, ansioso por llevarla al límite del placer.

‘¡Cógeme más duro!’, gritó ella, arqueando la espalda y sintiendo cómo su interior casi explotaba de placer. ‘¡Sí, así, culea mi concha sin piedad!’, respondió él, embistiéndola con una ferocidad incontrolable.

El sexo anal se convirtió en el siguiente paso, una nueva dimensión de placer que los envolvía en una vorágine de sensaciones indescriptibles.

‘¡Eres mía, te voy a llenar de venida!’, anunció él, a punto de explotar de deseo. Con cada embestida, el placer se intensificaba, acercándolos al clímax absoluto.

Finalmente, entre gemidos desenfrenados y movimientos descontrolados, el orgasmo los envolvió en una espiral de placer inigualable. La venida fue como un torrente que los arrastró al éxtasis más absoluto.

Así, exhaustos pero completamente satisfechos, se dejaron caer sobre la cama, envueltos en el aroma del sexo y la pasión desenfrenada.

El acto carnal, salvaje y apasionado, los había llevado a un lugar donde solo existían ellos dos y el deseo incontrolable de cogerse sin límites.

Y así, entre susurros de amor lujurioso, se prometieron seguir explorando los límites del placer juntos, una y otra vez.