morrita colegiala de secundaria le dice que era su primera vez pero wow como coge

Descargar
10615 views
7 likes
NUEVO GRUPO TELEGRAM

La morrita colegiala de secundaria entró al cuarto con timidez, nerviosa pero excitada. Sus mejillas sonrosadas denotaban la inexperiencia y la lujuria adolescentes. La falda corta revelaba unas piernas delgadas y pecosas, mientras la blusa escolar apenas podía contener sus pechos juveniles. El sudor perlaba su frente, mezcla de ansiedad y deseo palpable en el aire.

‘¡Vente para acá, putita!’, le gruñó el rudo hombre mayor, con la verga ya erecta y palpitante. ‘Hoy aprenderás lo que es coger de verdad, nenita’. La morrita se estremeció ante la brusquedad de sus palabras, pero un gemido ahogado escapó de sus labios entreabiertos.

El hombre la tomó con fuerza y la empujó contra la cama, haciendo que sus libros escolares cayeran al suelo con estrépito. ‘¡Ábrete el culo, zorrita! ¡Quiero ver esa conchita virgen temblar de miedo y placer!’, ordenó con rudeza, mientras ella obedecía sumisa, con los ojos a punto de llorar de excitación y pavor.

Las manos ásperas del hombre se deslizaron bajo la falda, arrancando las braguitas con ansia. La morrita soltó un gemido agudo al sentir el primer contacto de esa verga descomunal contra su piel delicada. ‘¡No, por favor!’, balbuceó, pero sus súplicas fueron sofocadas por un beso salvaje y hambriento que la dejó sin aliento.

‘¡Cállate y chupa, chupa bien esa pija, putita!’, ordenó con voz ronca, mientras ella obedecía entre lágrimas y arcadas. La saliva y el semen se mezclaban en un espectáculo repugnante pero excitante, mientras la morrita se atragantaba con cada embestida brutal de su garganta profunda.

El hombre la volteó bruscamente, levantándole las piernas hacia arriba y separándole las nalgas con rudeza. ‘¡Ahora sí te voy a coger como la puta que eres, colegiala de mierda!’, gritó con violencia, antes de enterrar su verga sin piedad en la concha estrecha y virgen de la morrita, desgarrando su himen con saña.

Los gritos de dolor y placer se entrelazaban en una sinfonía macabra, mientras el ruido de los cuerpos chocando resonaba en la habitación. Cada embestida era un tormento delicioso para la morrita, quien descubría en cada vergazo una nueva dimensión de su propia lujuria incontrolable.

‘¡Métemela por el culo, por favor!’, suplicó la morrita, con los ojos en blanco y la boca entreabierta, ansiosa por sentir esa pija gigante explorando territorios prohibidos. El hombre no se hizo rogar y, con un gruñido de animal en celo, penetró su ano apretado con brutalidad, arrancándole otro gemido gutural de éxtasis y dolor.

El sexo anal fue un abismo de sensaciones extremas, una danza de placer y sufrimiento que llevó a la morrita a un éxtasis desconocido. Los fluidos corporales se mezclaban en un frenesí obsceno, mientras el sudor se convertía en la única testigo silenciosa de esa unión sacrílega entre la colegiala inocente y el hombre depravado.

‘¡Dame tu leche, córrete dentro de mí!’, suplicó la morrita, con las lágrimas y el semen mezclándose en su rostro juvenil. El hombre no pudo resistir más y, con un último embate salvaje, se dejó ir en un torrente de venida explosiva, llenando el interior de la morrita con su semilla impía.

La morrita yacía exhausta, empapada en sudor y semen, con la mirada perdida en el techo. Había descubierto en esa primera vez un abismo de perversiones y placeres inconfesables, con la certeza de que nunca volvería a ser la misma después de aquella cogida inolvidable.