colegiala real, llegando de la escuela el novio la esperas con mucha ancias para coger

Descargar
11297 views
11 likes
NUEVO GRUPO TELEGRAM

La colegiala real llegaba de la escuela con su uniforme ajustado, la minifalda subida hasta decir basta y la blusa desabrochada dejando entrever sus tetas firmes y prometedoras. El sudor perlaba su frente, mezclándose con el maquillaje corrido y dándole un aspecto de perra en celo. Sus piernas temblaban de la excitación, sabiendo que su novio la esperaba con ansias para coger sin piedad.

Al abrir la puerta de la casa, la colegiala vio a su novio con la verga dura como una roca, ansioso por penetrarla y dejarla marcada de por vida. Sin mediar palabra, se lanzó a sus brazos y empezaron a besarse con una pasión animal, devorándose las bocas y las lenguas como si fueran a devorarse vivos.

El novio le arrancó la blusa de un tirón, dejando al descubierto sus pechos jóvenes y firmes. Los tomó con avidez, amasándolos con fuerza y pellizcando los pezones hasta que la colegiala gimió de dolor y placer. ‘¡Métemela ya, quiero sentir tu verga dentro de mí!’, suplicó la colegiala, deseosa de tener sexo duro y sucio.

Él la empujó contra la pared, levantando su minifalda y encontrándose con su tanga empapada de excitación. Sin contemplaciones, le bajó las bragas y hundió su cara entre sus nalgas, devorando su culo como si no hubiera un mañana. Ella gemía y se retorcía de placer, sintiendo la lengua de su novio explorando cada rincón de su ser.

‘¡Vas a sufrir, putita!’, gruñó él antes de penetrarla con brutales embestidas, destrozando su concha juvenil y estrecha. La colegiala gritaba de dolor y placer, sintiendo cada centímetro de su verga abriéndola y reclamándola como suya.

El sudor cubría sus cuerpos entrelazados, el ruido de la cama crujiendo bajo el peso de sus cuerpos enloquecidos resonaba por toda la habitación. Los gemidos, los gritos, los insultos y las súplicas se mezclaban en una sinfonía de lascivia y depravación.

Él la volteó bruscamente, poniéndola a cuatro patas y clavándole su verga en el culo sin previo aviso. La colegiala lloró de dolor y placer, sintiendo cómo era profanada por detrás, cómo su integridad era violentada una y otra vez sin piedad.

‘¡Cógeme el culo como la puta que soy, hazme tuya para siempre!’, gemía la colegiala con desesperación, entregándose a la brutalidad de su novio sin límites ni tabúes.

Los jadeos se intensificaron, los cuerpos se convulsionaban en un éxtasis compartido, los fluidos se mezclaban en una danza sucia y lasciva. El olor a sexo y deseo impregnaba el aire, embriagándolos en una espiral de lujuria sin fin.

Él la tomó con fuerza de las caderas, embistiéndola con fiereza y determinación, sintiendo cómo el orgasmo se aproximaba con paso firme. La colegiala, al borde del abismo, suplicaba por más, por una venida que la dejara sin aliento y sin sentido.

Y entonces, en un estallido de placer incontenible, el novio se dejó ir en su interior, llenándola de semen caliente y viscoso que se derramaba por sus entrañas. La colegiala, exhausta y satisfecha, se dejó caer sobre la cama, sabiendo que aquel momento de éxtasis sería recordado por el resto de sus días.

Así, entre gemidos y suspiros, la colegiala real y su novio acabaron exhaustos, saciados y unidos para siempre por el sexo más brutal y sucio que jamás hubieran experimentado.