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La morra cachonda del apartamento cuatro se puso al palo total cuando se arrodilló para mamarle la pija al vecino. Con su boquita golosa, le dio una mamada que lo dejó al palo duro y listo para clavarla. La flaquita se mojaba toda, sintiendo cómo la verga dura entraba y salía de su boca, disfrutando cada centímetro que se le iba para adentro. Gimiendo como una perra en celo, la chavala le mostraba qué tan buena es en dejarle seco al vecino, quien no podía creer la mamada tan rica que le estaba dando. Sin duda, este par de calenturientos vecinos se pasaron un buen rato gozando del placer más sucio y excitante.



