La colegiala estaba emocionada, nunca antes había cogido de perrito y esa idea la excitaba de sobremanera. Sus manos temblaban de ansiedad mientras esperaba a su compañero de clases en aquella habitación de motel barato, con las cortinas corridas y el aire viciado por el olor a sexo y tabaco.
El chico llegó, con una mirada de deseo ardiente en sus ojos y una erección notable bajo su pantalón. Se acercó a la colegiala y empezaron a besarse con pasión desenfrenada, sus lenguas se entrelazaban hambrientas mientras se despojaban de sus ropas con desesperación. La colegiala llevaba puesto su uniforme escolar, la falda corta y la blusa ajustada realzaban sus curvas juveniles y provocativas.
El ambiente se llenaba de gemidos entrecortados y suspiros lascivos, el sonido de la ropa cayendo al suelo se mezclaba con la música suave que provenía de un radio antiguo en una mesita de noche. La colegiala se inclinó sobre la cama, ofreciendo su trasero firme y redondo al chico que no dudó ni un segundo en acariciar sus nalgas suavemente antes de darle una sonora nalgada.
«¿Te gusta así, putita?», preguntó el chico con voz ronca mientras palmeaba el trasero de la colegiala.
«Sí, dame duro. Quiero sentir tu verga dentro de mí», respondió la colegiala con una mezcla de súplica y deseo en su voz.
El chico no hizo esperar más a la colegiala y se posicionó detrás de ella, sus manos se aferraron a las caderas de la joven mientras colocaba la punta de su verga en la entrada de su concha mojada y caliente. Con un empujón firme, el chico penetró a la colegiala haciéndola gemir de placer y dolor al mismo tiempo.
El ritmo frenético de la cogida de perrito comenzó a adueñarse de la habitación, el chico embestía con fuerza y la colegiala gemía sin control, sus manos se agarraron a las sábanas mientras sus tetas rebotaban con cada embestida. El sudor comenzó a cubrir sus cuerpos desnudos, haciendo que el olor a sexo se intensificara en el aire.
«¡Sí, sí, dame más duro! ¡Así me encanta!» exclamaba la colegiala entre gemidos entrecortados, su voz llenando la habitación junto con el sonido de los cuerpos chocando en un ritmo salvaje y desenfrenado.
El chico no podía contenerse más y agarró las caderas de la colegiala con fuerza, aumentando el ritmo de sus embestidas hasta que ambos estaban al borde del éxtasis. Con un grito de placer, el chico se dejó llevar por la pasión y se vació dentro de la concha de la colegiala, llenándola de su semen caliente y espeso.
La colegiala alcanzó un orgasmo explosivo al sentir el calor de la venida del chico en su interior, su cuerpo temblaba de la intensidad del placer mientras ambos se dejaban caer exhaustos sobre la cama, envueltos en el éxtasis del momento.
La experiencia de coger de perrito había sido única para la colegiala, y estaba segura de que se repetiría una y otra vez en el futuro. Esa sensación de sumisión y dominio la había llevado a nuevas alturas de placer, y estaba ansiosa por explorar más de su lado sexual en las siguientes aventuras que le deparaba la vida.




