La universitaria culona estaba nerviosa y excitada a la vez. Había quedado con un chico después de clase en un apartamento barato en las afueras de la ciudad. La habitación estaba mal iluminada y olía a tabaco y sudor. Ambos se miraron con deseo, sabiendo lo que estaba a punto de suceder. La joven tenía un cuerpo voluptuoso, con curvas pronunciadas y unas enormes nalgas que llamaban la atención de cualquier hombre que se cruzara en su camino.
‘¿Estás lista para que te dejen el culo como nuevo?’ susurró el chico con una sonrisa perversa en su rostro.
Ella asintió nerviosa, sabiendo que se estaba metiendo en territorio desconocido. Se quitó la ropa lentamente, dejando al descubierto su piel suave y bronceada. El chico se acercó a ella, ansioso por cogerla con fuerza y sin piedad.
‘Te voy a coger tan duro que no podrás ni caminar mañana’, dijo mientras la tomaba por la cintura y la empujaba hacia la cama.
La universitaria culona se dejó llevar por el deseo, sintiendo un fuego arder en su interior. El chico la besó apasionadamente, explorando cada centímetro de su cuerpo con sus manos ávidas. Sus pezones se endurecieron al contacto de su piel rugosa, provocando gemidos de placer en la joven.
‘Quiero sentir tu verga en mi boca’, murmuró ella con voz entrecortada por la excitación.
El chico no se hizo esperar y sacó su pija dura y palpitante, ofreciéndosela a la universitaria. Ella no dudó ni un segundo y comenzó a mamar con ansias, sintiendo el sabor salado de su precum en su lengua.
‘Eres toda una puta mamando verga, ¿verdad?’ gruñó el chico mientras acariciaba el cabello de la joven.
Ella solo gemía en respuesta, disfrutando de cada succión y lengüetazo que le daba a su miembro. La saliva se mezclaba con sus fluidos, creando un ambiente húmedo y resbaladizo.
Después de unos minutos de intensa mamada, el chico decidió llevar las cosas al siguiente nivel. Colocó a la universitaria a cuatro patas, exhibiendo su trasero perfecto y listo para ser penetrado.
‘¿Estás lista para que te la metan por el culo, putita?’ preguntó con lujuria en sus ojos.
Ella asintió, deseando sentir el sexo anal por primera vez en su vida. El chico escupió en su entrada trasera, lubricándola para lo que venía a continuación.
Con cuidado, comenzó a empujar su verga hacia el interior de la joven, sintiendo cómo se abría paso en un terreno desconocido. Los gemidos se mezclaban con gruñidos de dolor y placer, formando una sinfonía de sensaciones indescriptibles.
‘¡Oh, sí! ¡Métemela toda, no pares!’ exclamaba la universitaria entre gemidos y suspiros.
El chico obedeció y aceleró el ritmo de sus embestidas, culeando el culo de la joven con fuerza y determinación. Cada embestida era más intensa que la anterior, llevándolos a un estado de éxtasis inigualable.
El sudor bañaba sus cuerpos, resbalando por sus pieles entrelazadas en un baile erótico y salvaje. El olor a sexo impregnaba la habitación, mezclándose con los gemidos y gritos de placer que llenaban el ambiente.
Finalmente, la universitaria culona no pudo contenerse más y sintió cómo un orgasmo la invadía por completo, haciéndola temblar de pies a cabeza. El chico, sintiendo las contracciones de su interior, no pudo resistirse y se dejó llevar por el placer, eyaculando en lo más profundo de su ser.
El semen caliente se derramaba en su interior, llenándola por completo y provocando un gemido final de satisfacción. Ambos se dejaron caer exhaustos en la cama, sintiendo cómo el cansancio los invadía después de una sesión de sexo desenfrenado y apasionado.
Así, se quedaron abrazados y envueltos en la calidez de sus cuerpos, sabiendo que aquel encuentro dejaría una marca imborrable en sus mentes y en sus cuerpos para siempre.








