chavita colegiala se deja coger por su primo mayor que ella

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La chavita colegiala, de apenas 18 años, se encontraba en su habitación mirando videos provocativos en su celular. Su primo mayor, un hombre de 30 años, acababa de regresar de un largo día de trabajo y al escuchar desde su habitación los gemidos suaves de su prima, sintió una excitación repentina que lo llevó a la puerta de la habitación de la joven.

La puerta estaba entreabierta y no pudo resistir la tentación de asomarse. Lo que vio lo dejó sin aliento. La colegiala se tocaba sensualmente mientras veía el video en la pantalla de su celular, con una expresión de deseo en su rostro inocente.

El primo mayor, con la verga palpilante dentro de su pantalón, no pudo contenerse y empujó la puerta lentamente, entrando en silencio en la habitación. La chavita, al sentir su presencia, se sobresaltó pero no opuso resistencia. Sabía que algo excitante estaba por ocurrir.

Los ojos del primo recorrieron el cuerpo juvenil de la colegiala, deteniéndose en sus tetas firmes y su culito redondo. La joven temblaba ligeramente, mezclando miedo y deseo en su mirada.

«¿Qué haces aquí, primo?», preguntó la chavita con voz temblorosa.

«Te vi y no pude resistirme. Eres tan hermosa…», respondió él con voz ronca, acercándose lentamente a ella.

La chavita se dejó llevar por la excitación del momento y se dejó besar por su primo. Sus labios se encontraron en un beso apasionado, explorando la boca del otro con ansias desenfrenadas.

Las manos del primo comenzaron a recorrer el cuerpo de la colegiala, acariciando su piel suave y tersa. Le quitó la blusa lentamente, dejando al descubierto sus senos juveniles y erectos, coronados por unos pezones rosados y tentadores.

«Eres tan hermosa, prima. Déjame disfrutar de ti», murmuró el primo mayor mientras desabrochaba el pantalón de la chavita.

La joven gemía suavemente, entregándose al deseo prohibido que la invadía. Su cuerpo ardía de pasión y anhelaba sentir la verga dura de su primo dentro de ella.

«Cógeme, primo. Hazme tuya», susurró la colegiala con voz entrecortada por el deseo.

El primo mayor no necesitaba más invitación. Bajó lentamente los pantalones de la chavita, dejando al descubierto su tanguita mojada. Sin mediar palabra, la tumbó en la cama y se arrodilló entre sus piernas.

Sin previo aviso, comenzó a lamer su concha húmeda, saboreando sus jugos con avidez. La colegiala se retorcía de placer, aferrándose a las sábanas mientras gemía de puro goce.

«¡Oh, sí! ¡Así, así, primo!», gritaba la chavita, entregada completamente al placer que le brindaba su familiar.

El primo, excitado al límite, se levantó y se quitó la ropa, dejando al descubierto su verga dura y ansiosa por penetrarla. Se situó entre las piernas de la colegiala y la penetró con fuerza, haciéndola gemir de placer y dolor.

Cada embestida era un tormento delicioso para la joven, quien se aferraba a la espalda de su primo, atrayéndolo más hacia ella en un gesto de deseo desenfrenado.

«¡Sí, sí! ¡Más duro, primo! ¡Cógeme como nunca antes lo has hecho!», imploraba la chavita entre gemidos y jadeos.

El primo mayor, cegado por la lujuria, la embestía con furia, sintiendo cómo el éxtasis se acercaba con cada embestida. La chavita, por su parte, se abandonaba por completo al placer, gozando de la verga de su familiar dentro de ella.

La tensión sexual se elevaba al máximo, envolviendo a la pareja en una espiral de deseo y placer incontrolables. El primo mayor apretó los dientes y concentró toda su fuerza en las embestidas, sintiendo cómo el orgasmo se aproximaba con pasos agigantados.

Finalmente, con un gruñido gutural, el primo mayor se dejó llevar por el éxtasis y se corrió dentro de la chavita colegiala, llenando su concha con su semen caliente y espeso.

La joven, sintiendo el calor de la venida de su primo en su interior, alcanzó su propio orgasmo, arqueando la espalda y gimiendo descontroladamente. El placer la invadió por completo, dejándola extasiada y satisfecha.

Así, entre el sudor y la lujuria, la chavita colegiala y su primo mayor sucumbieron al deseo prohibido que los unía, entregándose por completo al placer carnal que los consumía.